Hay plantas, semillas, flores y alimentos que muchas veces desconocemos de dónde vienen e incluso muchas veces desconocemos que sean mexicanos.
El amaranto es una de esas plantas que yo desconocía que eran mexicanas; tesoro nacional que se ha puesto de moda y tan poco que sabemos de su origen.
Es común ver esas pequeñas “bolitas” deliciosas en las tan conocidas “alegrías”, que son dulces muy tradicionales de nuestro país, también podemos verlo enmielado sobre fruta o con yogur, incluso hasta lo agregamos a los licuados porque sabemos de su alto valor nuticional, quizá no sabemos muy a detalle para qué nos puede servir, pero tampoco queremos dejarlo de lado en nuestra dieta. Es más común verlo en su forma de cereal que consumirlo como planta, pero también se puede haciendo uso de ella de forma similar a la de las espinacas.
El amaranto era una planta valiosa para nuestros antepasados prehispánicos, es uno de los cultivos más antiguos de Mesoamérica, así que los Mayas, Aztecas e Incas lo conocían bastante bien e incluso lo consumían con regularidad.
Algunos historiadores ubican los orígenes de ésta planta hace más de 10 mil años, aunque hay quienes le dan orígenes aún más remotos, pero eso sí, ubicados en nuestro país, aun así el caso es que la importancia para los pueblos antiguos era mucha, estaba casi al nivel del frijol y el maíz, siendo consumida en su forma vegetal o como de cereal.
Los mayas fueron los primeros, según algunos historiadores, en consumir dicho cultivo como alimento de alto rendimiento y era conocido como “xtes”; por su parte los aztecas lo denominaban “huautli” y lo consumían como parte de sus ritos religiosos; mientras que los Incas lo llamaban “kiwicha” y lo relacionaban mucho con sus beneficios medicinales.
La palabra “Amaranto” viene ya del idioma griego, haciendo referencia a su cualidad de no marchitarse ni aún después de cortado, debido a que las plantas toman incluso un color más delicado y bonito, no en vano son acostumbradas desde tiempos pasados para adornar las tumbas.
El amaranto como alimento casi cayó en el olvido a la llegada de los españoles, muchos dicen que como estrategia militar debido a que era un “alimento de guerreros”, por su alto contenido proteico, así que no les convenía que sus enemigos estuvieran bien alimentados.
Afortunadamente, en la década de los 70, fue reconocido su valor nutricional y se amplió su producción y consumo.
La próxima vez que te topes con éstas bolitas e incluso con las flores, piensa en toda la historia que hay detrás de dicha planta y considera incluirla en tu dienta, pues te ayudará a mejorar la digestión, además de que su contenido proteínico es alto, superando a la mayoría de los cereales, además es rico en hierro y calcio, fuente de minerales y vitaminas A, B, C, B1, B2 y B3, ácido fólico y fosforo.
Ahora sí ¿gustas una alegría?… ¿o lo prefieres en tu licuado?
Magnolia Flores Tapia
magnolia86@gmail.com
