“¡Feliz, feliz Navidad, la que hace que nos acordemos de las ilusiones de nuestra infancia, le recuerde al abuelo las alegrías de su juventud, y le transporte al viajero a su chimenea y a su dulce hogar!”
Charles Dickens
Una de las tradiciones más arraigadas en nuestro país la constituyen las llamadas “posadas”, las que año con año se llevan a cabo como un preámbulo de la festividad navideña, iniciando el 16 de diciembre y concluyendo el día 24 del mismo mes.
El surgimiento de las posadas se remonta a la época colonial y se considera que tuvieron sus inicios en el convento de San Agustín en Acolman, población del actual Estado de México.
Dentro de la labor evangelizadora llevada a cabo por los frailes agustinos en el siglo XVI, se comenzaron a hacer representaciones del momento en que la Virgen María y su esposo José intentaban encontrar un refugio para que naciera su hijo Jesús. Esto vino a sustituir algunas prácticas religiosas de los indígenas que se realizaban por las mismas fechas, entre ellas, las que se dedicaban a Huitzilopochtli, el dios de la guerra.
Poco a poco el culto traído por los españoles penetraba en el mundo indígena, dando lugar en muchos casos al sincretismo religioso. Al paso de los años las deidades del mundo prehispánico quedaron completamente relegadas ante el avance evangelizador de las diferentes órdenes religiosas llegadas al virreinato novohispano.
Se atribuye al fraile Diego de Soria el haber ideado las misas de aguinaldo que se convirtieron en las posadas, las que con el tiempo se extendieron por todos los rumbos, contribuyendo a la tan ansiada conquista espiritual de la población nativa de los nuevos territorios de la Corona española.
Las misas de aguinaldo fueron llevadas a cabo gracias a las gestiones de Diego de Soria, quien logró que el Papa Sixto V diera su anuencia para realizarlas a partir de 1587. Algo que atraía a la gente de las misas de aguinaldo eran las escenificaciones que se hacían con motivo del nacimiento de Cristo.
Con el tiempo las posadas pasaron a formar parte de las festividades de la población, ya no sólo en los espacios eclesiásticos sino en cualquier lugar. A través de ellas se recrea, a base de cánticos, el peregrinar de los padres del Niño Jesús, quienes precisamente pedían posada o albergue en los lugares por los que pasaban.
Cabe señalar que se cree que son nueve posadas en referencia a los nueve meses de embarazo de la Virgen María.
En la actualidad, las posadas surgidas en el convento de San Agustín Acolman, en la época colonial, siguen vigentes en todos los puntos de nuestro país, como una de las grandes tradiciones mexicanas.
