Salir del vientre materno, del huevo o de la semilla, es el significado de la Real Academia Española, para el término nacer. Sin embargo, también lo define como el iniciarse en una actividad o experiencia. Este mes, muchos jóvenes universitarios están culminando sus carreras profesionales; y están listos para nacer al mundo laboral. Después de terminar sus exámenes y recibir sus títulos profesionales, están por dejar el seno de la universidad, para abrirse paso en lo que, en las aulas llaman, “el mundo real”. Cabe cuestionarse entonces, si verdaderamente están listos para enfrentar con éxito los retos que se les presentarán adelante.
Comencemos por su preparación. El sistema educativo en México, en términos generales, no está enfocado en el desarrollo de competencias. Hace unos meses escribí sobre el nuevo modelo educativo, y recordé alguno de los spots publicitarios que tanto se transmitieron, en el cual se cuestionaba la utilidad de repetir conceptos con el objetivo de memorizarlos. Así sigue siendo, en muchos sentidos, la academia en México. Sin embargo, de acuerdo con el nuevo propósito de la Secretaría de Educación Pública, lo que cobra relevancia es aprender a aprender y conocer, aprender a ser, aprender a convivir y, lo más importante, aprender a hacer. Esto es un modelo educativo basado en el desarrollo de competencias.
Basado en el modelo educativo tradicional, el integrarse al mercado laboral, resulta traumático para los jóvenes que egresan de las instituciones de educación superior. De acuerdo con un artículo publicado por la revista Expansión, el problema no es la escasez en la oferta de puestos de trabajo. En realidad, el problema de fondo es que, las empresas, no encuentran suficientes candidatos con el nivel de competencias que requieren. Puesto de otra manera, los universitarios salen equipados con una serie de conocimientos que, en su mayoría, no saben aplicar para resolver las problemáticas que se presentan en el entorno laboral. Es decir, no saben aterrizar en acciones concretas, los conceptos teóricos que adquirieron en su etapa de estudiantes.
Dado que los nuevos profesionistas deben recorrer una curva de crecimiento, la cual, normalmente cuesta tiempo y dinero a los empleadores, el siguiente problema yace en el monto del salario que deberían percibir. Es difícil comparar el valor de los conocimientos y habilidades naturales del candidato, versus el costo en el que incurrirá la empresa para entrenar y generar las competencias necesarias para realizar con éxito el trabajo. Para el candidato la oferta salarial puede resultar insuficiente, mientras que, para la empresa, el mismo nivel de sueldo puede percibirlo como elevado. Esto provoca no solamente que no sea posible cerrar todas las contrataciones, sino que, en los casos en los que sí se llega a concretar la oferta laboral, el joven profesionista, pueda sentirse insatisfecho.
El momento del parto ha llegado. Es momento de salir de ese espacio confortable, para averiguar si es posible vivir de manera autónoma. Seguramente costará trabajo, pero al final, el objetivo de ser autosustentable se logrará. Ahora bien, es importante fortalecer la vinculación entre las universidades y las empresas, y adoptar un enfoque de educación basado en competencias, para poder dotar a los estudiantes, con las herramientas y habilidades que demanda el ámbito laboral. En la medida en la que pueda cerrarse esta brecha, el nacimiento a la vida profesional será mucho menos estresante; y las posibilidades de sobrevivir al fracaso serán mucho mayores.
Aviso al amable lector que, con motivo de las fiestas decembrinas, quien suscribe este espacio, estará tomando un receso de dos semanas. Aprovecho para desearle unas felices fiestas y un 2018 cargado de abundancia.
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