Qué interesantes tiempos estamos viviendo. El actual entorno político y social, nos da vasto material para invitarnos al análisis y la reflexión sobre qué está sucediendo, y hacia dónde queremos conducirnos como sociedad. El hartazgo convertido en rabia es evidente; y, si agregamos a este, un discurso como el que maneja Andrés Manuel López Obrador, que lo único que logra es polarizar y enardecer aún más los calientes ánimos colectivos, el resultado es una fórmula ideal para una nueva revolución. AMLO ha calificado el movimiento que encabeza como uno de los más trascendentes en la historia de México, y uno de los más importantes del mundo en la actualidad. Y llama la atención la forma en la que responden las masas que acuden a sus mítines ante su comportamiento mesiánico, tratándolo como un ser con propiedades sobrenaturales.
Este tema lo aborda Mario Vargas Llosa en su libro “La llamada de la tribu”. El espíritu de la tribu “así llama Karl Popper al irracionalismo del ser humano primitivo que anida en el fondo más secreto de todos los civilizados, quienes nunca hemos superado del todo la añoranza de aquel mundo tradicional – la tribu – cuando el hombre era aún una parte inseparable de la colectividad, subordinado al brujo o al cacique todopoderosos, que tomaban por él todas las decisiones, en la que se sentía seguro, liberado de responsabilidades, sometido, igual que el animal en la manada, el hato, o el ser humano en la pandilla o la hinchada, adormecido entre quienes hablaban la misma lengua, adoraban los mismos dioses y practicaban las mismas costumbres, y odiando al otro, al ser diferente, a quien podía responsabilizar de todas las calamidades que sobrevenían a la tribu”.
Si esto le resulta familiar es porque, con toda seguridad, AMLO está precisamente apelando al espíritu de la tribu. Él es quien tiene todas las respuestas a los problemas que aquejan a los mexicanos más necesitados, aquellos que han sido abusados sistemáticamente por una mafia en el poder – llámese esta la clase empresarial o política, contraria al modo de pensar del mesías – y que, por ende, requieren de su intervención para alcanzar, ahora sí, la calidad de vida y bienestar que merecen. Esto ha generado una gran expectativa entre sus millones de seguidores, quienes esperan con ansia a que se haga justicia en contra de aquellos que los han mantenido en la pobreza y la desesperanza; mientras se benefician de las dádivas del líder.
Desgraciadamente, por bueno que esto pueda parecer, representa en realidad varios graves problemas. Al tratar a la colectividad como incapaz de valerse por sí misma, interviniendo de manera omnipresente y omnipotente, se estará condenando al país a una relación de dependencia. Un segundo problema radica en la posibilidad de poder cumplir con todas las promesas hechas a la tribu. Finalmente, el problema más preocupante yace en la división que se ha generado, cuya manifestación puede tornarse en violencia de un momento a otro; y una vez que el fuego comience a propagarse, sería difícil de apagar. AMLO ha trazado una estrategia inteligente que, hasta ahora, le está rindiendo los frutos deseados. Esperemos que pueda cumplir con lo prometido, no solamente por el bien de la tribu, sino de todo el país.
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