Si bien nuestro país es identificado por tradiciones que pueden parecerle extrañas a personas originarias de otros países, para todos los mexicanos resulta verdaderamente gratificante y motivante el sabernos partícipes de fechas que nos distinguen y nos hacen únicos. Nadie celebra la muerte como lo hacen los mexicanos. El festejo del día de muertos es una mezcla de diversas tradiciones, usos y costumbres. Se trata de una celebración que tiene raíces prehispánicas y que cada región y pueblo del país, adapta a sus propias creencias. Asimismo, cada familia se prepara para honrar la memoria de sus difuntos seres queridos y recibir sus almas. Cada altar y cada ofrenda encierran un misticismo y una simbología, únicos. En la época prehispánica, la muerte, era considerada una etapa más del ciclo de la vida. Era el comienzo del viaje hacia el Mictlán, el reino de los muertos. Este no era el único destino para muchos, dependiendo de la causa de su fallecimiento, estos eran dirigidos a distintos niveles dónde podrían disfrutar o no, de su descanso eterno. Con la llegada de los conquistadores, se dio una mezcla con las tradiciones católicas que cedieron ante las fuertes creencias de los pueblos indígenas. De ahí, que exista un “Día de Todos los Santos”. Hay quienes van al panteón a rezar, a dejar flores o hasta llevar a una banda o a un mariachi, otros tantos prefieren montar sus altares con diferentes escalones. Otros se dedican a comer fiambres o el también tradicional “pan de muerto”. Los más pequeños, harán calaveritas y pedirán dulces, tratando de imitar en cierta forma, los festejos que provienen de otros países. Si bien no queremos hacer un análisis profundo y detallado de nuestra idiosincrasia y lo que implica la celebración mexicana del Día de muertos, sí vale la pena el valorar esta tradición que quizás con apoyo de la Mercadotecnia, ha rebasado ya, fronteras. Posada, con sus ilustraciones, hizo famosa a la Catrina, que ahora sirve de inspiración para disfrazar a grandes y pequeños. Y al margen de la celebración, valdría la pena que México fuera recordado por estas coloridas costumbres, por su veneración a la elegante “calaca” y no por ser un país en el que los niveles de violencia provoquen que el número de personas que muere día a día como resultado de la comisión de delitos, aumente cada vez más. Las cifras oficiales lo confirman: en los primeros siete meses de 2019, en México se han registrado alrededor de 20,135 homicidios en todo el país, con un promedio nacional de 95.8 casos por día, quedando pendiente de actualizarse la señalada cifra, a este último trimestre. Aunado a lo anterior, los acontecimientos sucedidos recientemente en Culiacán, han provocado un sinnúmero de cuestionamientos sobre las estrategias que el gobierno federal, en coordinación con las entidades federativas, han emprendido para combatir el crimen organizado. Sin duda el tema de seguridad ha resultado el reto más importante a resolver, en el presente sexenio. Esperemos que nuestro país sea identificado pues, como un lugar en donde el folklor, las manifestaciones culturales y las “peculiares” tradiciones nos distingan y no la creciente violencia, en todos sus niveles.
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