En México seguimos viviendo la misma historia de siempre.

Simplemente que en estos momentos esa historia ha sido contada en una forma que aparenta ser diferente. Sin sustento general, ni real.

Mientras tanto estamos perplejos ante la evolución financiera de nuestro país y los continuos abusos e intimidación de nuestros vecinos del norte con la participación de la supremacía blanca y el acérrimo desprecio  por los países latinoamericanos y su gente. Para los gringos, de su frontera sur para abajo, todas las personas que habitan los diferentes países de América son todos “mexicanos”.

Nuestra historia sigue siendo contada de tal forma que seguimos propiciando una actitud individualista, pasiva y co-dependiente del sistema de gobierno que se encuentre en el poder.

En los sexenios pasados, principalmente desde 1988 se impulsó con mayor fuerza el sistema económico llamado “neoliberal”. Nuestra economía  dio un salto junto con el Producto Interno Bruto (PIB) el cual creció de 706 mil millones de pesos (1976) a 18,552,607 millones de pesos en el 2019.

A pesar del incremento, en este rubro,  no hubo mejora en educación, ni salud, o integración económica en los diversos estados que componen nuestra nación. Ni siquiera disminuyó el índice de pobreza.

La población creció, las necesidades aumentaron, los problemas se esparcieron y paulatinamente la delincuencia en muchas áreas fue ocupando un lugar preponderante. Sólo ciertos puntos del país presentaron desarrollo con crecimientos variables en el centro y norte del país, mientras otras regiones permanecieron estancadas y con problemas, que provocaron  un anclaje en el crecimiento.

La inseguridad, la corrupción y la falta de compromiso de muchos mexicanos se hizo patente.

Sentimos, al menos desde mi punto de vista, que estamos atrapados en un modelo económico desarticulado que amenaza las vidas de nuestros descendientes.

Este modelo ha provocado una exclusión de muchos habitantes de nuestro país, mientras  sólo ciertos grupos reciben los beneficios y se enriquecen.

Ahora con la cuarta transformación (4T), una nueva historia surge.

Un héroe, tal vez sacado de nuestra mitología, ha creado un mitote, en la que los sueños de muchos se confunden con la realidad. Hay una especia de bruma que no permite ver claramente el resultado a seguir. Se ha creado una ilusión en la que hemos quedado atrapados, en el onirismo y la sensación de que por fin llegaremos al  Ilhuicatl Iohtlatoquiliz (el recorrido de los caminos al cielo, en náhuatl).

Mientras tanto, los datos son otros.

No los reales, palpables, evidentes, ya  que en el  Yohualtetzahuit (sueño o visión) del Tencuhtli (Jefe o monarca)  hay otra información y nos cuenta otra historia, una de transformación.

La historia de esa 4T  es de la siguiente forma:

Un gran desorden aflige nuestro país, causado por fuerzas nefastas y poderosas que trabajan  en contra de los intereses de los mexicanos. Pero un héroe luchará en contra de esas poderosas fuerzas a pesar  de todos los pronósticos y con ello transformará y regresará la armonía a nuestro querido país.

¿Dónde he escuchado esto?

¡Claro!

Desde que tengo memoria en cada campaña y sexenio que pasa y que quita una parte de nuestra vida y de esperanza.

Como un cuento narrado en “Las mil y una noches” o en las aventuras de J.R.R. Tolkien (1892-1973) en el libro “El Señor de los Anillos”, o el malvado Lord Voldemort  (el innombrable…cualquier relación con la realidad es pura coincidencia ) en la saga de “Harry Potter” de J.K. Rowling.

Todos -eso dicen- parecen coincidir con esa historia y ahora esa historia es adaptada por nuestra tradición ancestral para que el virtuoso pueblo se sienta integrado con “el guerrero jefe” a quien le fue otorgado el bastón de mando de los pueblos indígenas.

Somos personajes de la naturaleza que creemos en hechos y figuras, pero éstos no tienen el poder para desplazar una buena historia como el de la 4T.

Así, permanecemos desconectados, sin poder percibir realmente la realidad.

Necesitamos construir una nueva historia.

Un historia en la que participe toda la comunidad basada en la creación de puentes y redes de apoyo laboral en la que contemos con personas de diferentes grupos sociales, compartiendo conocimiento que haga enriquecer y vibrar las comunidades en una forma positiva, creativa y verdaderamente transformadora.

Somos nosotros los que podremos luchar contra las fuerzas nefastas y poderosas que aseguran que no existe una sociedad mexicana participativa, pues aparentemente, sólo somos individuos que lidiamos en forma particular para subsistir en el sistema, como animales en busca de sustento.

Los héroes de esta historia, mi estimado lector, somos nosotros que combatiremos el desorden y esas fuerzas negativas contrayendo puentes, redes y lazos participativos e inclusivos en todas las comunidades, con lo que finalmente fortaleceremos la armonía y crecimiento de nuestro querido México.

Hagamos un cambio, un verdadero cambio personal, para evitar más de lo mismo de una versión editada, pero al fin y al cabo semejante.

¡Hasta la próxima!

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