“El Supremo Poder de la Federación se divide para su ejercicio en Legislativo, Ejecutivo y Judicial. No podrán reunirse dos o más de estos Poderes en una sola persona o corporación”. Así comienza el artículo 49 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. En estricto sentido, esto parecería ser cierto en el caso de nuestro país. Existe, aunque de manera aparente, una división de poderes, tal como lo manda nuestra Carta Magna. Sin embargo, en la práctica, se aprecia una sumisión del Poder Legislativo a la voluntad del Jefe del Ejecutivo; y, si bien esto todavía no sucede en el caso de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, su composición se está viendo influida por juristas cercanos al Presidente de la República.

Comencemos por insistir sobre la importancia de la división de poderes. De acuerdo con la Tesis P./J. 78/2009 de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, la división funcional de atribuciones “se estructura con la finalidad de establecer un adecuado equilibrio de fuerzas, mediante un régimen de cooperación y coordinación que funcionan como medios de control recíproco, limitando y evitando el abuso en el ejercicio del poder público, garantizando así la unidad del Estado y asegurando el establecimiento y la preservación del estado de derecho”. Por lo tanto, lo que se pretende al contar con tres Poderes de la Unión es, precisamente, evitar el abuso del ejercicio del poder público, tentación en la que pueden caer los gobernantes cuando tienen la posibilidad de hacerlo, con independencia de su buena voluntad.

Por otro lado, encontramos la Tesis P./J. 80/2004, la cual señala que hay tres mandatos prohibitivos dirigidos a los poderes públicos: la no intromisión, la no dependencia y la no subordinación de cualquiera de los poderes con respecto a los otros. Andrés Manuel López Obrador ha sido reiterativo sobre la primera de las violaciones, en cuanto a la independencia de los otros dos poderes; y sobre su no intromisión con las decisiones que estos toman. No obstante, la tercera prohibición es la más peligrosa de todas. Según la citada Tesis, la subordinación “no sólo implica que un poder no pueda tomar autónomamente sus decisiones, sino que además debe someterse a la voluntad del poder subordinante”. Por lo tanto, el poder subordinado debe actuar conforme se le indique.

Evidentemente no podríamos afirmar que existe una violación al precepto constitucional de la división de poderes, pero es claro que, al menos en el Poder Legislativo, existe una relación de subordinación con respecto al Poder Ejecutivo. Basta analizar la composición de ambas Cámaras del Congreso de la Unión, para darnos cuenta de que, Morena y partidos afines, controlan ampliamente la toma de decisiones; y no han sido tímidos al afirmar que apoyan todas las acciones del Presidente de la República. Entonces, si bien no hay dos Poderes que se reúnan en una sola persona, sí se reúnen en una corporación, entendiendo por esta, tal como la define la Real Academia Española, como una organización de personas que, como miembros de ella, la gobiernan. Esperemos que la Suprema Corte de Justicia de la Nación, como garante de nuestra constitución, pueda conservar su autonomía.

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