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Seguridad Pública y formación policial

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Finalizamos la semana igual que las anteriores: Inseguros. Llegamos a un punto tal, que ya ni siquiera las propias instituciones de Seguridad Pública quedan exentas del actuar de los delincuentes, y tan es así que hasta las patrullas de tránsito les roban afuera de sus propias comandancias. Cuando nuestras propias autoridades encargadas de velar por nuestra seguridad salen a la calle en camionetas blindadas, con un séquito de guardaespaldas cuidándoles hasta la sombra que proyectan, es señal de que no hay seguridad. Nadie está tranquilo, ni siquiera ellos. Los expertos en el tema sabrán que el autor de estas líneas no miento al enfatizar que no hay una formación profesional en el tema de la seguridad pública, siendo, como en columnas anteriores lo he mencionado, una “seguridad improvisada”. No importa si nuestro alcalde, en el fondo de su corazón, sueña con una “ola expansiva de paz”, la cual llegará montada sobre un unicornio rosa atravesando un arcoíris de colores, y con un haz de luz transformará a nuestra ciudad en un lugar tan armonioso que hasta pareciera que fue copiado de la obra “Utopía” del ilustre literato Tomás Moro, un lugar donde podremos amarrar a los perros con un collar de salchichas.

Si no hay un verdadero compromiso en el tema, lejos de tintes políticos, compromisos de campaña, nepotismo y sobre todo ausencia de corrupción, la inseguridad seguirá gobernando en el sentir de cada uno de los ciudadanos que nos toca sufrir día con día, los embates de esta sangrienta payasada. No importa cuántas veces se modifique la organización de la corporación, si está por zonas o por sectores, en círculos concéntricos, por radianes u obteniendo la hipotenusa, si compran corvettes o ferraris: mientras no haya un compromiso real y una homologación de criterios aunado a un trabajo en equipo de todos aquellos encargados de velar por la Seguridad Pública y Ciudadana, (Procuraduría de Justicia, Secretaría de Seguridad Pública, Prevención del Delito, Política Criminal, Procuraduría de Derechos Humanos, Congreso del Estado), la situación no cambiará, ya que no se puede combatir al crimen organizado con instituciones tan desorganizadas.

A últimas fechas he visto con tristeza, pero no pude evitar soltar una sonora carcajada, publicidad de la Academia de Policía, donde anuncian con bombo y platillo, que los elementos son arduamente preparados en temas de psicología y Derecho, cuando la realidad tras bambalinas, es otra: cadetes orillados por el hambre a incorporarse a una institución que no es coincidente con lo que anuncia. Me gustaría preguntarles a esos inocentes cadetes, o mejor aún, a algunos elementos ya graduados, a que me expliquen la diferencia entre una entrevista catártica y una entrevista focalizada, que me ilustren respecto a la anamnesis, la formación reactiva, los principales tipos de neurosis, psicosis y trastornos fronterizos, los principales pasos a seguir en una intervención en crisis, los procesos psicológicos básicos y avanzados, principales tipos de personalidad, entre otras cosas, que se supone que una persona capacitada en el área psicológica debe dominar. Ahora pasemos al área del Derecho: me gustaría entrevistar al azar, a algunos oficiales, para que me muestren su dominio acerca de las funciones de la Policía según el Código Nacional de Procedimientos Penales, que nos ilustren con una explicación acerca de una audiencia de control de detención, formulación de imputación y vinculación a proceso, que nos precisen cuáles son los principales mecanismos alternativos de solución de controversias en materia penal, e incluso que nos expliquen todos y cada uno de los delitos previstos en nuestra legislación criminal. ¿Es mucho pedir? ¿Por qué no les hacemos una entrevista darnos cuenta cuántos de ellos han leído en su totalidad la Ley General de Víctimas? ¿Podemos tener la confianza de que con la “formación” que se les ofrece a los cadetes, dominarán la técnica de preservación de un lugar de hechos, incluyendo las técnicas de fijación, descripción, levantamiento y embalaje de indicios?

Para no ponerlos nerviosos con tantas preguntas, comenzaremos con algo simple: ¿Podemos hacerles un examen de ortografía?

Estimadas autoridades, ya dejen de engañar a la población vanagloriándose de altas capacitaciones, ni abriendo centros de atención a víctimas donde sólo escuchan con atención a la ciudadanía, pero aún están muy distantes de dar un servicio verdaderamente profesional en las áreas que anuncian. El pueblo ya está harto de tanto atole con el dedo.

¿Quieren un verdadero cambio? Comprométanse más con la ciudadanía y con el combate a la corrupción (por si no saben la acepción de la palabra, corrupción es una forma de deshonestidad, es hacer lo que no debes de hacer, permitir lo que no se debe de permitir, a cambio de una ganancia ilícita y clandestina). Ah, por cierto, las palabras agudas se acentúan cuando se termina en “n”, “s” o vocal. Saludos cordiales.

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