“… proponemos a México una alianza sobre las siguientes bases: hacer juntos la guerra, declarar juntos la paz; aportaremos abundante ayuda financiera; y el entendimiento por nuestra parte de que México ha de reconquistar el territorio perdido en Nuevo México, Texas y Arizona…”
Arthur Zimmermann
Hace unas semanas se cumplieron cien años del término de la “Gran Guerra”, conocida al paso del tiempo como la Primera Guerra Mundial, la cual se desarrolló de 1914 a 1918. En México también se vivían momentos de convulsión interna por el enfrentamiento de las diversas facciones revolucionarias. Es en este contexto que llega a nuestro país una propuesta que buscaba involucrarlo en el conflicto europeo.
En busca de más aliados los principales contendientes de la Primera Guerra Mundial trataban de unir a su bando a aquellas naciones que no participaban en el conflicto, desde luego, a cambio de algo. Intentando conseguir el apoyo de México, Alemania le hizo una proposición de alianza al gobierno que encabezaba el Varón de Cuatrociénegas, Venustiano Carranza, quien había dirigido la lucha contra el régimen del usurpador Victoriano Huerta como Primer Jefe del Ejército Constitucionalista, conforme al Plan de Guadalupe, en pleno auge revolucionario.
Los alemanes concibieron la idea de convencer a las autoridades mexicanas de conformar una coalición. Ésta tendría como objetivo el que las Potencias Centrales, a las cuales pertenecía Alemania, contaran con un aliado en una inmejorable posición de atacar a los Estados Unidos de América, por su vecindad. En retribución por su ayuda, una vez terminada la guerra, a México le serían regresados los territorios perdidos a manos de los estadounidenses como consecuencia de la invasión efectuada por éstos de 1846 a 1848. Se trataba, igualmente, la posibilidad de que Carranza buscara que Japón apoyara a Alemania. Todo estaba planteado en el Telegrama Zimmermann, llamado así porque el ministro de asuntos exteriores de la nación teutona, Arthur Zimmermann, dirigió a su embajador en la república mexicana, Heinrich von Eckardt, este telegrama codificado con fecha 16 de enero de 1917. El contenido de dicho telegrama logró ser descifrado por los servicios de inteligencia del Reino Unido de la Gran Bretaña.
Venustiano Carranza en ningún momento se involucró con los asuntos de la Gran Guerra en cuanto a intervenir en ella con fuerzas armadas. Ni siquiera la enorme tentación que constituía la devolución de territorios como Arizona, Texas y Nuevo México, en el caso de que salieran triunfadoras las Potencias Centrales, hizo que se considerara siquiera la opción de llevar a cabo una ofensiva contra la unión americana. Era evidente que el proceso revolucionario tenía sumamente desgastada a la república mexicana y aún si la Revolución no se hubiera presentado, México no contaba de ninguna manera con un ejército preparado para emprender una empresa de tal magnitud u otro tipo de recursos necesarios para enfrentar a una nación como los Estados Unidos, incluso cuando los germanos ofrecían ayuda en diferentes aspectos, ya que por el curso que tomó la guerra hubiera resultado imposible que auxiliaran a México como aseguraban. Así pues, México permaneció neutral.
Sin embargo, el telegrama sí surtió otro efecto, fue uno más de los motivos que propiciaron que los Estados Unidos finalmente se involucraran en las hostilidades europeas respaldando a la Entente o Aliados, donde se encontraban, entre otros, Gran Bretaña y Francia. La entrada de la nación de las barras y las estrellas en la lucha inclinó la balanza en favor de los Aliados, quienes resultaron triunfantes el 11 de noviembre de 1918.
La Gran Guerra, con todos sus horrores y amarguras, no logró impedir que diversos estados comenzaran a prepararse para otra, la Segunda Guerra Mundial, la que superaría en dimensiones al conflicto iniciado en 1914. A su vez, las tristes y lamentables experiencias de la conflagración iniciada por Adolfo Hitler en 1939, también serían incapaces de detener las intenciones bélicas de diferentes líderes, gobiernos o facciones en todo el orbe, por lo que las guerras entre países o al interior de ellos permanecen hasta la actualidad.
GERARDO PIEDRA
