
Desde la llegada de MORENA y la 4T al poder en 2018, ha llamado poderosamente la atención, la nueva clase política que ascendió al mando en los tres niveles de gobierno y en los tres poderes del Estado. Empezando por el propio López Obrador, que nunca durante toda su historia de vida, se distinguió por ser un hombre educado, culto, mucho menos refinado.
Vimos con asombro la llegada al Ejecutivo Federal, de un puñado de mujeres y hombres con un estilo muy particular de hacer política y, sobre todo, con un lenguaje de comunicación político grotesco. Lo peor, lo vimos en el Legislativo, en ambas cámaras con Diputados y Senadores que rayaban en lo vulgar y corriente.
La Suprema Corte de Justicia de la Nación, no estuvo exenta de vulgaridades y personajes impresentables. Por un lado, una ministra con probada corrupción intelectual, con el plagio de su tesis de licenciatura y doctorado, sin importarle el descrédito nacional e internacional, sabedora que el manto protector de su padrino político la protegía con la impunidad de siempre.
La “cereza en el pastel” la llegada de una vulgar y corriente, política y activista de izquierda, del movimiento de la 4T y del partido en el poder, MORENA, Lenia Batres. Qué ahí está reflejado en distintos medios de comunicación, su lenguaje soez y sus formas de hacer política, que distan mucho de ser respetuosas y correctas.
La nueva clase política que representa el partido MORENA y su movimiento, echa mano cada día, en cada momento y evento político de lo más duro, vulgar y soez del lenguaje en el discurso político. Donde el insulto, la mentira y la vulgaridad es el referente cotidiano de mujeres y hombres que se hacen llamar políticos diferentes a los del pasado.
No se debe generalizar, sin embargo, es muy difícil encontrar a una mujer u hombre de MORENA que no represente o encarne la vulgaridad. Los mexicanos, seguimos pensando que la devaluada política es un lugar de intercambio de ideas y no un lugar de batalla, donde todo se vale y en el que lo más importante es defender el proyecto de una persona o partido político, incluso vulgarmente.
Pasando por AMLO, hasta cada uno de sus secretarios de estado, legisladores federales, locales, alcaldes, regidores y gobernadores, han representado y encarnado la desesperación de quien no tiene la preparación e intelecto, ni la cultura suficiente para responder y confrontar las ideas de otro. Desde luego, Claudia Sheinbaum y su gobierno, representan lo mismo.
Desafortunadamente han aparecido personajes particularmente insoportables por lo vulgar y corrientes, que se afanan en emporcar el discurso político y su interacción con sus correligionarios, ni que decir con la oposición y los medios de comunicación. Comportamientos individuales que deberían ser objeto de estudios psicológicos, más que políticos. Ahí están los casos del propio AMLO y Fernández Noroña.
Los comportamientos y actitudes de López Obrador, Claudia Sheinbaum, Fernández Noroña, Adán Augusto, Monreal, Batres, Luisa María Alcalde, López Gatell, Jazmín Esquivel, Yunes y un puñado de diputadas, diputados, senadoras y senadores son objeto también de estudios legales por lo que se refiere a los tipos penales de sus ilegales conductas.
Las acciones y palabras vulgares de la nueva clase política en México pueden expresar un grave problema social y psicológico que reflejan la actual descomposición que vive la sociedad en el país. En el seno de millones de familias, la vulgaridad y violencia
es la moneda de cambio día a día, para socializar con los suyos y por supuesto, con los demás.
Terminar con la mentira política como forma de actuar y comunicar por parte de la nueva clase política, al parecer no agrada a muchos, que se identifican con ese estilo de vida y prefieren vivir en la mentira permanente. Crear una Comisión para analizar cómo enfrentar las mentiras y la vulgaridad en el discurso político, sería una iniciativa ciudadana buena para todos.
¿No cree usted?