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INICIANDO EL AÑO

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Tal parece que iniciamos el Año Nuevo al mismo estilo que como terminamos la anualidad anterior: con un caos generalizado en los ámbitos social, económico, político, cultural, de impartición y administración de justicia, de seguridad pública, y sobre todo, en el plano espiritual.

Madres matando a sus hijos con cuchillos, como si se tratara de sacrificios bíblicos, políticos gastándose fortunas en traslado de ex gobernantes de otros países que vinieron a buscar refugio a esta bendita tierra prometida que no le cierra las puertas a nadie, así sean santos o demonios; balas por aquí, asesinatos por allá, fiscalías de justicia sembrando pruebas para inculpar inocentes y elevar la cifra estadística de buenos resultados, sin importarles un soberano cacahuate los miles de inocentes que están en prisiones debido a sus incompetentes investigaciones, abogados acribillados en ajustes de cuentas, países de Medio Oriente amenazando con iniciar una confrontación mundial solamente comparado con el holocausto nazi, países imperialistas que se sienten dueños del mundo, amparados bajo la Doctrina Monroe (“América para los americanos”), comisiones de Derechos Humanos que tratan a los delincuentes con la fragilidad de una mariposa, elementos policiales descuartizados por los levantones que ya se han vuelto costumbre en estas tierras de nadie, divisas extranjeras fluctuando de valor a la misma sincronía que un sube y baja en un parque infantil, un pueblo sumido en la miseria por esa ignorancia a la cual han aprendido a amar, viendo embelesados, hipnotizados, el correr de 22 sujetos tras una pelota de cuero, violencia en su máxima potencia, gobernantes corruptos que pelean la silla del poder como dos canes de caza luchando por un trozo de chuleta. Ese es, estimados lectores, nuestro “Feliz Año Nuevo”. Vivimos en una sociedad que se ha atrincherado en una zona de confort, como si fuese ese síndrome de Estocolmo, donde el secuestrado se enamora de su secuestrador. A final de cuentas, ¿qué más da si el mundo se cae por un precipicio? Qué más da que nos exploten cual simios amaestrados, cuando tenemos lo divertido del futbol, los comentarios e imágenes graciosas en las redes sociales, estudiantes universitarios mostrando orgullosamente sus credenciales que los facultan como licenciados en cierta área, aunque con un cerebro que carece del conocimiento básico, como si los arduos de educación básica y media superior los hubieran pasado bajo los efectos de un sedante.

Finalizamos el año con un pueblo dividido, peleando de forma equivocada derechos que consideran les pertenecen: igualdad de género, diversidad sexual, adecuada impartición de justicia, derechos laborales, protestando como un grupo de chimpancés que se salen de control en un safari tras una canasta de comida, mientras que otros salen a las calles vestidos como si fuese el carnaval de Río de Janeiro, exigiendo respeto mientras insultan símbolos religiosos de las creencias de otros y destruyen la propiedad ajena.

Sería genial que por breves instantes quitáramos la vista de las pantallas de plasma, que fomentáramos el hábito de la lectura, que por primera vez en nuestra cegada trayectoria de vida, nos invadiera ese rayo de iluminación divina al mismo estilo de San Agustín, y nos naciera el gusto por el conocimiento, por dejar de ser ignorantes, sumisos, aletargados en esta miserable pesadilla en la que nos han mantenido los dirigentes de los altos niveles del poder. Sin embargo, es más probable que invirtamos cantidades millonarias en un espectáculo circense, que en una biblioteca, o en una clínica para la rehabilitación de las adicciones. Deberíamos de trabajar todos bajo los mismos rayos de sol, sin permitir que los menesterosos salgan a las calles a presumir su falsa miseria, ya que bajo esos harapos dignos de Diógenes, aquel filósofo griego conocido por vivir en pobreza total, se encuentran cuerpos fuertes, libres de enfermedades, totalmente aptos para cualquier actividad física redituable. El día en que nombres como Schopenhauer, Platón, Aristóteles, Hawking, San Francisco de Sales, Erasmo de Rotterdam, Tomás Moro, Rousseau, Adam Smith, Dante, suenen tan familiares en cualquier plática de sobremesa, veremos que aún podemos rescatar a este barco cuyos capitanes se han encargado de llevar cada vez más a lo profundo de los mares de este océano de estiércol llamado corrupción. Disculpen lo triste de las líneas. Feliz Año Nuevo.

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