“Nunca vemos más allá de nuestras certezas y, lo que es más grave todavía, hemos renunciado a conocer a la gente, nos limitamos a conocernos a nosotros mismo sin reconocernos en esos espejos permanentes. Si nos diéramos cuenta, si tomáramos conciencia del hecho de que no hacemos sino mirarnos a nosotros mismos en el otro, que estamos solos en el desierto, enloqueceríamos.”
Había planeado escribir sobre otra historia, pues no creí acabar a tiempo la novela que he de tener tal vez 2 meses leyendo. No sé si dos meses es mucho o poco para un libro de 364 páginas con letra pequeñita, pero de repente me lo devoré y ¡sorpresa!, el miércoles pasado por la noche lo terminé, y no puedo contener más mi corazón estrujado.
Pero primero, contextualicemos la situación. En esa reunión de amigas de la que les hablé en la primera parte del título de esta columna publicado el 4 de marzo, surgieron dos recomendaciones literarias: “Mujeres de ojos grandes” de Ángeles Mastreta de la que ya hablamos, y la novela que hoy ocupa este espacio, pero son tantas ideas las que me revolotean por la cabeza que no sé por dónde comenzar.
Por un lado está Renée de 54 años, viuda, fea, insignificante, vive con su gato León, portera de un edificio de departamentos de lujo y para súper ricos franceses. Por otro lado está Paloma, doce años, quien vive en uno de esos departamentos de ricos con sus padres ricos y su insoportable hermana mayor Colombe, y quien al no encontrarle sentido a la vida ha decidido suicidarse en su cumpleaños número 13 e incendiar su departamento. ¡Aja! Y así va el libro, entre las narraciones, descripciones, y profundas reflexiones sobre la vida y los seres humanos que la habitan, a veces en la voz de Renée, a veces en la voz de Paloma. Dos historias paralelas que no se miran a los ojos hasta que aparece el nuevo inquilino del departamento 4, un rico japonés, culto, sencillo y humilde, que las mira a las dos realmente.
Renée y Paloma habitan en la “LA ELEGANGIA DEL ERIZO” (2006), de la profesora de Filosofía y escritora francesa, Muriel Barbery. Y ahora todo cobra sentido, pues en verdad este es un texto hermoso, conmovedor y sobre todo, filosófico, sobre tantas verdades y mentiras que nos vamos creyendo en la vida. Sobre las clases sociales, sobre el amor, el arte, los animales, la gramática, la educación, la soledad, la compañía, la familia, la literatura, el cine, etc., etc. etc. Pero sobre todo, este libro es un espejo, que a través de las conversaciones de estas dos mujeres-niñas-erizos, nos dan la oportunidad de filosofar, mientras reímos, y tal vez lloramos, porque la vida es tan simple y complicada a la vez.
Finalmente, recomiendo leer el libro con lápiz o marcador a mano, hay tantas buenas “ideas profundas”, frases y enseñanzas, que necesitará resaltarlas para darles vueltas más tarde y encontrar su camelia. (Para entender esto último, deberá leer el libro, así que aproveche la Feria del Libro que comienza este viernes 26 de abril y busque al erizo.)
“…tiene la elegancia del erizo: por fuera está cubierta de púas, una verdadera fortaleza, pero intuyo que, por dentro, tiene el mismo refinamiento sencillo de los erizos, que son animalitos falsamente indolentes, tremendamente solitarios y terriblemente elegantes.”
Correo: lidia.almanza.orozco@gmail.com
Twitter: @LibrosLidia
