Continuamos, querid@s lector@s con la historia que iniciamos la semana pasada, basada en un artículo de Sergio Hernández Galindo.
“Al estabilizarse la situación política, después del enfrentamiento armado de nuestra Revolución, los Matsumoto recomendaron al presidente Álvaro Obregón (1920-1924) plantar en las principales avenidas de la Ciudad de México, árboles de jacaranda que Tatsugoro había introducido desde Brasil y había reproducido con éxito en sus viveros. Las condiciones climatológicas eran las adecuadas para que al inicio de la primavera el árbol floreciera, además Tatsugoro consideró que la flor duraría más tiempo que en su lugar natal, ante la ausencia de lluvia en la Ciudad de México durante esa temporada.
Esta idea había surgido a raíz que, en 1912, el alcalde de Tokio, Yukio Ozaki, obsequió a EUA 3,000 árboles de cerezo que se plantaron en Washington. En los siguientes años, dicha ciudad se vio inundada de millones de cerezos en flor. Así fue como, el presidente de México, Pascual Ortíz Rubio (1930-1932) solicitó al gobierno japonés la misma donación, pero Matsumoto desaconsejó la siembra porque para la floración del cerezo se necesita un cambio mucho más brusco de temperatura entre el invierno y la primavera, que la Ciudad de México no experimentaba. Así que recomendó mejor, plantar las jacarandas.
Las relaciones cercanas que ellos mantenían con los presidentes e importantes políticos de la República Mexicana fueron de gran utilidad para los años venideros en los que se desencadenó la persecución de las comunidades japonesas que el gobierno norteamericano puso en marcha como consecuencia de su enfrentamiento con Japón. Tatsugoro y Sanshiro se convirtieron en representantes y gestores de la comunidad japonesa ante las autoridades mexicanas cuando el gobierno ordenó la concentración de la población de origen japonés en la ciudad de México y Guadalajara en el año de 1942. El número en que llegaron fue tan grande, que los Matsumoto instalaron en su hacienda de El Batán, al sur de la ciudad de México, un albergue donde más de 900 emigrantes pudieron radicar en momentos tan difíciles.
Posteriormente, buscaron un lugar cercano a Cuernavaca, la Hacienda de Temixco, donde las familias más necesitadas pudieron pasar los años que duró la guerra, cosechando sus propios alimentos. Sanshiro al haberse naturalizado como ciudadano mexicano, le fue permitido hacerse cargo de la compra de la Hacienda, debido a que los bienes y las cuentas bancarias de los ciudadanos japoneses, habían sido confiscados.
Durante esos difíciles tiempos, el árbol de jacaranda se reprodujo ampliamente en la ciudad de México y otros lugares, al grado de considerarse como flor nativa. La visión de Matsumoto fue certera y visionaria… desde entonces, podemos disfrutar de nuestro “hanami” (fiesta de observación de flores) o el “cherry blossom mexicano” (como lo denominó la revista National Geographic en español este mes y que ocupa su portada) con las Jacarandas que en los meses de marzo y abril se nos aparecen de pronto como magia y nos recuerdan que los Matsumoto, siguen con nosotros.
Matsumoto jamás regresó a Japón. Se quedó en la Ciudad de México hasta 1955, el año que murió a los 94 años de edad.”
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