Una investigación para resolver un crimen puede tomar años. Por lo general, son los policías, peritos, forenses y criminólogos quienes tenazmente buscan las pistas o bien, se adentran en la mente del asesino… pero no siempre es así. Existen casos de documentales y filmes cuyos directores han investigado tan bien los casos, que sus imágenes se convierten en pruebas irrefutables, en evidencias en la pantalla.
Estos son algunos ejemplos, que abarcan desde los años ochenta y sus transmisiones televisivas hasta los tiempos actuales de las plataformas de streaming. Estos son los casos más famosos.
En 1988, el director estadounidense de documentales Errol Morris mostró al mundo una obra que cambiaría la percepción de este género. Se trataba de ‘The thin blue line’ (‘La delgada línea azul’) donde investigaba uno de los casos que había desconcertado a la sociedad de su tiempo, cuando en 1976 en Dallas, asesinaron a un policía llamado Robert Wood después que detuviera un coche. Arrestaron como culpables del crimen a dos hombres: Randall Adams y David Harris. Tras un juicio, se condenó al primero a pena de muerte. Hoy en día estaría muerto, de no ser por la investigación de Morris, que sacó a relucir cómo se influenciaron a los testigos y se realizaron prácticas ilegales para culpar injustamente a personas inocentes.
‘The thin blue line’ no fue considerada para los premios Oscar de aquel año (lo que despertó muchas críticas) pero tuvo un logro mayor que cualquier pretencioso crítico pueda soñar: su producción fue tan impecable, que se usó como evidencia probatoria para que Randall fuese puesto en libertad.
MISTERIOS RESUELTOS
Un programa televisivo que creó una pauta y marcó a la generación de los ochenta fue ‘Misterios sin resolver’, conducido por un sobrio y elegante Robert Stack. Durante años, se mostraban desde desapariciones misteriosas hasta homicidas en serie de la peor calaña, como fue el caso del Asesino de Green River o el Asesino de Golden State. Hoy en día sabemos que la identidad tras estos delincuentes eran Gary Ridgeway y Joseph De Angelo, pero en aquellos años las investigaciones que se mostraban en televisión abierta se siguieron en tiempo real, sirviendo como pauta para capturarlos. Por otro lado, para atrapar al Asesino de Golden State fue crucial la investigación de la periodista Michelle McNamara, cuyo libro se convirtió en la serie ‘El asesino sin rostro’.
Hoy en día, está teniendo gran repercusión e impacto la docuserie ‘Cómo cazar a un monstruo’, donde el joven director y youtuber español Carles Tamayo sigue la pista a un despreciable pederasta hasta el momento de su captura, evidenciando toda la burocracia en torno a su caso. Sin embargo, el producto fílmico que marcó un parteaguas en este género que nos compete, el ‘true crime’ (‘crímenes reales’) fue ‘The Jinx’, que hasta el día de hoy define un antes y después por ser la primera ocasión en que un sospechoso confiesa su crimen ante el micrófono mientras se filma un documental.
Traducido en nuestro idioma como ‘La Maldición’, en ‘The Jinx’ el director Alfred Jarecki sigue los pasos del multimillonario de bienes raíces Robert Allan Durst. Durante años, este empresario estuvo vinculado a las muertes de su primera esposa, Kathleen McCormack, la mejor amiga de ella, Susan Berman y su vecino Morris Black, pero nunca se pudo comprobar nada.
Cuando Jarecki lo entrevistó para su documental, le puso el micrófono en su solapa, y Durst fue al baño, sin percatarse que no se lo había quitado. Fue entonces cuando dijo para sí mismo: “Te han pillado. Te acorralaron. ¿Qué hice? Pues los maté a todos”.
De la forma más increíble confesó sin darse cuenta, siendo llevado a la cárcel donde murió en 2022.
Sin duda, como bien muestra Edgar Allan Poe en su relato ‘La carta robada’, la prueba de un crimen puede estar a la vista de todo mundo, incluyendo las cámaras.
