El Coecillo es uno de los barrios más tradicionales de León. Protagonista de novelas y estudios académicos. Por tanto, un aspecto inherente de su historia, sus calles y su desarrollo, es su fiel afición al equipo esmeralda, que este domingo jugará su final contra el Tigres.

Por las calles del Coecillo proliferan sus vendedores de banderas. Sostienen una cajita ofreciendo pequeñas réplicas del América, el Pumas, el vilipendiado Cruz Azul e incluso, algunas que muestran el emblema de la Organización de las Naciones Unidas y también, de la Santa Muerte. Éstas están a cuarenta pesos. Las que más abundan y mejor se venden, son las del equipo León. Como es evidente, la del Tigres prefieren no venderla, al menos de momento.

Faustino Hernández es uno de los muchos vendedores. Desde los años noventa se ha dedicado a vender banderas, y reconoce que con el paso del tiempo le ha ido muy bien. Debido a la crisis que asoló al país durante la última década del siglo XX, optó por vender banderas y artículos del equipo León, y hasta el momento le ha ido muy bien.

“En la final Toluca-Necaxa empecé a vender. No había trabajo y tuve que empezar. Me la decidí jugar, y de plano sale muy poco… pero lo bueno es que sale. Lo que es un hecho es que no soy el único. Hay muchos compañeros que se dedican a vender artículos, porque todos en León sabemos que los panzas verdes serán campeones… ¡a menos que el sol no salga o que el mundo se acabe!”

FINAL EN LAS CANTINAS

No se pueden pasar por alto los bares y las cantinas, donde se celebrará la transmisión de la final. Una de las más añejas de la ciudad es el Salón Rojo, ubicada en pleno corazón del Coecillo. Fundada en 1946, ha visto crecer no sólo al barrio, sino a la ciudad.

También te puede interesar:  Tiene alma propia la Biblioteca Central

Por supuesto, también ha visto, a través de los ojos de sus clientes, los ascensos y caídas del equipo León. La cantina cobró nuevos aires, cuando en 1979, Aurelio Arrona adquiere el negocio, donde ofrece hasta el día de hoy tragos únicos y con los colores del equipo, destacando el “Mojito Salón Rojo” de un verde intenso.

Uno de sus trabajadores es el barman, Joaquín Arrona. Él reconoce que cada final se llena de gente, quienes visten con playeras del equipo y no separan sus miradas de las pantallas desde donde se transmite el partido.

“El Coecillo es un barrio con autoridad futbolera” afirma, al momento que prepara tragos y limpia vasos. “El 29 Acosta fue uno de muchos. Pura tradición, pura historia. Ha habido de todo, lo que hemos enfrentado: Muchos decían que León nunca pisaría una cancha en segunda división, y en los ochenta le pasó. Después, cuando ascendió era pura felicidad”.

Así ha sido la historia del Coecillo, que crece junto con el equipo de la ciudad.

ESCRIBE UN COMENTARIO