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En León ¿levantamos la mano?

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Publicidad gubernamental se ha difundido por toda la ciudad, en donde se hace alusión a los resultados del actual gobierno municipal. Llama la atención ver los espectaculares por las principales arterias viales, donde se aprecia la imagen de algunas personas, levantando la mano, y como eslogan publicitario, la graciosa frase de “en León levantamos la mano, no la estiramos”.

Tal parece que al autor de tan gracioso pensamiento, se desveló noches enteras para al final, concluir con semejante ocurrencia. Es inevitable que al autor de estas líneas, nos cause una profunda acción irrisoria, con tan cómicas palabras. Tal parece que el Edil del ayuntamiento no sale mucho a la calle, o no es muy observador, ya que así lo hiciera, se percataría que en cada esquina de las zonas peatonales, en cada semáforo, en cada crucero, la presencia de los menesterosos es exageradamente notoria.

Vivimos inmersos en una cultura que, coincidiendo con Fernando Vallejo y Mario Mendoza (escritores ampliamente recomendados), se nos enseña a pedir, a limosnear. Somos un país de limosneros, donde desde las esferas más altas del gobierno es lo que mejor saben hacer, y para muestra, el redondeo de los centavos. Es imposible salir de compras sin verte hostigado por los cajeros para que les “dones” tus centavos, incluso hay quienes, más atrevidos, ya ni siquiera hacen el mínimo esfuerzo de preguntarte, simplemente lo aplican, o más bien, lo roban.

A todo lo anterior debemos de sumar a aquellas personas que, con franela en mano, se apoderan de cualquier espacio público para estirar la mano por mover una franela, justificando su actuar, en haber ofrecido un servicio que nadie les pidió, por la sencilla razón de que nadie necesita de una persona para poder estacionar un vehículo.

También se suman a la lista del gamberrismo, la vagancia y la improductividad, aquellos que sin ser requeridos, hacen todo tipo de malabares, limpian parabrisas, o bajo el amparo de unas muletas o una receta médica de dudosa procedencia, van de coche en coche “estirando la mano”.

Debemos agregar también, que con los nuevos costos de las multas, cuyos precios por cierto son anticonstitucionales, el Estado también estira la mano, perjudicando al sector social que diariamente se gana el pan y la sal con el sudor de su frente y que paga impuestos mediante el trabajo formal y honrado.

En relación a aquello de que “en león levantamos la mano”, no aplica para la gran mayoría de los leoneses, quienes nos hemos visto ignorados de la forma más ruín y déspota que puede darse en esta relación entre gobernado y gobernante. En lo particular, el que estas líneas escribe, tampoco puedo levantar la mano, ya que de hacerlo, me caería de mi bicicleta. Recuerdo también que la última vez que un viejo amigo levantó su mano para activar la barra de contención en un estacionamiento, le robaron el reloj.

Quizás esa comediante frase de que “en León levantamos la mano”, pueda hacer referencia a los asaltos, en cuyo caso no levantamos una, sino ambas manos.

Difícilmente en la política, se va a solicitar al pueblo, que levante la mano, ya que de hacerlo, lo más probable es que las duras críticas a la forma tan irresponsable de manejar los recursos, no se hicieran esperar. En estos tiempos impíos, y como sucias estratagemas políticas, sólo se pide que levante la mano, a aquella persona que es capaz de vender su voto por una cubeta de pintura, un calentador solar, un jugo y una torta de jamón.

Dicho en otros términos, levantan la mano aquellos cuya pobreza los orilla a vender su voto y su dignidad a cambio de que les pongan un parque en sus colonias irregulares y les regalen láminas galvanizadas para reparar los techos de sus viviendas.

Lamentablemente la gran mayoría de los votantes pertenece a la clase económicamente débil, y mientras se mantenga a la gente en su estado de miseria, esperanzada a que el gobernante se apiade de ellas, seguirá este binomio desvergonzado entre los pobres y los políticos, dando entonces el verdadero sentido a la frase que en estas líneas criticamos: los pobres estiran la mano para recibir una suculenta torta de queso de puerco, y posteriormente la levantan para otorgar el voto, en agradecimiento por tan suculento manjar.

Y como corolario a la columna del suscrito, les comento a mis muy queridos y estimados gobernantes, que en estos momentos el suscrito no puedo levantar las manos, porque las tengo pegadas al teclado, pero el día que muchos levantemos la mano, será con el puño cerrado. Por cierto, ¿Cuándo reparten los calentadores solares? Me apartan uno por favor. Un abrazo fraternal.

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