Hoy en día hemos escuchado mencionar por parte de las autoridades en la materia, del tema de la Seguridad Ciudadana, como otro rubro a cubrir dentro de las muchas aristas pendientes en relación al nuevo plan de trabajo relacionado con la Seguridad Pública. Evidentemente la ciudadanía es una pieza fundamental en torno a la Seguridad, ya que en conjunto con el Estado, es el complemento idóneo para una verdadera política criminológica integral.
Sin embargo, -a decir de los teóricos en la materia- aún estamos muy distantes de una verdadera vinculación de los ciudadanos en relación a la prevención del delito. Actualmente, el Estado ha hecho esfuerzos considerables a efecto de reprimir el delito: el congreso trabaja en proponer reformas al Código penal, cuyo resultado sean penas más severas, mientras que el poder ejecutivo, representado por la Secretaría de Seguridad Pública y la Procuraduría de Justicia luchan por dar una mayor capacitación a sus elementos a efecto de que den resultados de reacción e intervención, mientras que el poder judicial combate desde sus trincheras, las lagunas legales que la legislatura ha dejado, para evitar que los delincuentes salgan por la puerta del juzgado como “Juan por su casa”.
Es reconocible el trabajo en conjunto de los representantes del Estado, sin embargo, a criterio de los estudiosos en Criminología y áreas afines, poco o nada se está haciendo en el tema de la prevención del delito. Es obligación del ciudadano tomar las medidas necesarias para evitar su propia victimización, pero por otro lado, también es obligación de las instituciones encargadas de la Seguridad Pública, así como las áreas de la Procuración y Administración de Justicia, capacitar a la ciudadanía en el tema de la seguridad. No podemos exigirles resultados satisfactorios con escasa o nula capacitación al respecto.
Es fundamental que las personas cuenten con las herramientas necesarias para aportar fructíferamente en relación al tema que nos ocupa. Eminentes doctrinistas, entre los que destacan alemanes como Benjamín Mendelsohn y Hans Von Hentig, refieren que así como existen delincuentes natos, también existen víctimas totalmente culpables de su propia victimización.
Si el Estado considerara invertir mayores recursos a las áreas de prevención del delito de una forma panorámica que abarcara tópicos como el combate a la farmacodependencia, a la disfuncionabilidad familiar, al desempleo, a la marginación social, a la generación de mayores fuentes de empleo, a la difusión de información acerca del modus operandi de las nuevas bandas criminales, -entre otros temas- tendría un paso adelante con respecto a la delincuencia organizada. No se puede combatir el crimen organizado con una policía desorganizada. Necesitamos estrategias libres de improvisación, y no grupos de reacción cuya capacitación no abarca más de una semana de preparación, y cuyas deficiencias son más que notorias al momento de materializar aquello para lo que fueron capacitados.
Es demasiado cuestionable como en materia de Prevención del delito, el Estado se ha limitado a organizar partidos de futbol, kermeses infantiles, a regalar cuanto juguete y souvenirs se les puedan imaginar: balones, bolígrafos, lápices, gomas de borrar, libretas, botellas de agua, mochilas, y una gama infinita de productos que en nada ayudan a la prevención, y que más que prevenir nos dejan en claro que son productos publicitarios del Gobierno Municipal y Estatal, demostrando la debilidad institucional en la materia. No podemos prevenir el delito con una botella de agua, o con un bolígrafo que lleva impresa la frase “prevenir es lo que vale”. Necesitamos acciones reales que verdaderamente ayuden a tomar conciencia al ciudadano de su verdadera participación en la prevención. El ciudadano necesita información, conocimiento acerca de la forma de trabajar de los extorsionadores, los clonadores de tarjetas, los asaltantes, los ladrones de casa habitación, las causas y consecuencias del pandillerismo, el comercio y explotación de personas, los pederastas. Unicef ha hecho excelentes aportaciones en la materia. Quizás sea prudente que pudiesen apoyarse en ellos.
Necesitamos más prevención y menos reacción. Necesitamos más acciones y menos playeras rotuladas ni gorras para el sol. Necesitamos estrategias funcionales y no estrategias improvisadas, y mejor aún: necesitamos que el Estado se comprometa más con la ciudadanía, que realmente hagan efectiva esa etiqueta que llevan los uniformados sobre su hombro, que a la letra señala: “proximidad social”. Es inconcebible que aún con esa etiqueta, el ciudadano no sienta esa cercanía con el uniformado, sino que por el contrario, su reacción sea de indiferencia, o peor aún, de desconfianza. No es posible que a la llamada de auxilio de un empresario por un robo de nómina, desplieguen todo un operativo policial en cuestión de segundos, mientras que ante el llamado de un padre de familia afectado por un robo a su vivienda, o un asalto a su persona, jamás lleguen las unidades policiales. Lejos de mayores capacitaciones y estrategias policiales, necesitamos que las autoridades ocupen por un momento, el lugar de aquellas personas que han llamado a su auxilio y aún siguen esperando desilusionadas, la ayuda policial.
Julio Ledezma
