El nivel de represión que representa el actual gobierno de Claudia Sheinbaum, es digno de resaltar. No sólo reprimen para conseguir la mayoría legislativa en el Senado de la República y conseguir, el único voto que necesitaban para aprobar la reforma judicial como fue el caso del corrupto senador por el PAN, Miguel Ángel Yunes Márquez.
Valiéndose de varias causas abiertas contra él y su familia, el partido en el poder MORENA y el gobierno, “opero” para cambiar el voto del veracruzano, a cambio de impunidad y dejar sin efecto varias carpetas de investigación. Al más puro estilo de la mafia o de gobiernos totalitarios, buscaron y encontraron la poderosa “razón” para convencer al impresentable político, con un caudal de actos de corrupción que lo preceden junto con su parentela.
¡Así de fácil y sencillo! Es cómo se “ablandan” y consiguen las voluntades de nuestros políticos hoy en día, para que el actual gobierno de la república y su partido, logren el éxito en sus planes de reforma en la vida democrática del país. Sin embargo, está práctica no es nueva para MORENA, sus aliados y gobierno, ya que López Obrador, lo implemento en varias ocasiones, con políticos de la oposición del PAN, PRI y MC, simplemente para desaparecer de la vida pública y dar paso a la inexistente oposición.
¿Cuántas veces usted se preguntó, donde está la oposición? Durante prácticamente todo el gobierno de AMLO, los disminuidos partidos opositores, sus representantes y liderazgos, no existieron, nunca aparecieron, dejando pasar todo tipo de reformas, excesos y atropellos a la ley, sin chistar. Sobre todo, sin defender a millones de ciudadanos que esperaban respuestas y representar aquellos que nunca estuvieron de acuerdo con las locuras sin límite del “caudillo tropical”.
Ese es el problema de México, cuando se tiene una clase política corrupta en el gobierno, pero, sobre todo, también en la oposición. Donde son fácil presa de chantajes y componendas para quebrar sus frágiles voluntades, a cambio de beneficios personales, sin importar el daño que causan a la nación, sobre todo, a su pueblo. Al fin y al cabo, “no pasa nada”.
Pese a la relevancia de este fenómeno, la investigación de la represión democrática es escasa y poco estudiada. Derivado de la opaca información que hay respecto a lo que da a conocer el gobierno en turno y por supuesto, a la nula comunicación que existe entre autoridad y ciudadanía. En la mayoría de los casos, el gobierno hace como que informa y la pobre y apática ciudadanía, dice que le interesa.
La represión estatal avanza a pasos agigantados, ante el silencio y complicidad de la oposición, así como de la sociedad. Salvo casos escandalosos como los de la familia Yunes o el último episodio del impresentable y corrupto ministro de la corte, Alberto Pérez Dayán. De manera tibia, una minoría del pueblo se indigna y manifiesta.
Esté último episodio de corrupción e impunidad, practicado por el gobierno y el partido político de Claudia Sheinbaum y de un miembro destacado del Poder Judicial, significa el aparente fin de una clase política podrida, donde da lo mismo pertenecer al ejecutivo, legislativo o judicial. Al ámbito de gobierno municipal o estatal; aflorando la mezquindad, la pobreza de ética, de moral y de todo tipo de valores, llevándose a México entre las patas.
Vivimos una represión centralizada, donde las máximas autoridades gubernamentales ordenan el uso de la represión contra todo aquel adversario político que se cruza en el camino de la perversión de los intereses del poder político. Y el otro tipo de represión, la descentralizada, la aplica la burocracia encargada de garantizar la seguridad publica y la procuración de justicia.
Es urgente el surgimiento de una nueva clase política que, en verdad, emane de las entrañas de la sociedad civil y no más partidos políticos.
¿No cree usted?
