Desde la llegada del actual gobierno del presidente López Obrador, hemos tenido de todo, menos orden. Es verdad que nunca hemos sido un país o un pueblo que se destaque por el orden político, pero jamás nunca este caos, esta manera de vivir y sufrir por millones de mexicanos y familias que se debaten todos los días entre el desasosiego para tener lo mínimo que la constitución otorga a un mexicano: trabajo, alimento, medicinas, atención médica, etc.

Las causas de la violencia y la inestabilidad política que experimenta la sociedad mexicana, es en gran medida, resultado de los malos gobiernos que históricamente han gobernado el país. Muchos gobiernos emanados del fraude electoral y de las condiciones políticas que prevalecieron durante décadas. La sociedad lo permitió e hizo del estilo de gobernar, una forma y estilo de vida.

Hoy en día el cambio social nos ha llegado tarde ante el contexto internacional de sociedades que han sido veloces y eficaces en sus procesos de cambio y transición a la democracia. ¿Por qué menciono que ha sido tarde? Muy sencillo, todos por igual incluidas muchas generaciones, hemos dejado pasar la oportunidad de tener un rápido cambio social y de una veloz movilización política de nuevos grupos y liderazgos serios.

Hemos vivido durante varias décadas un lento, muy lento desarrollo de la democracia y de las instituciones políticas. Motivo por el cual, la construcción de un orden político ha sido lento, deficiente y lleno de imperfecciones al estilo “mexicano”. Sin embargo, las deficientes instituciones gubernamentales funcionaban con todo y sus deficiencias. El abastecimiento de medicamentos en el sector salud era una realidad y no una quimera como lo es hoy en día.

Al no contar con un orden político mínimo en el país, el vacío de poder y autoridad es cubierto temporalmente por un liderazgo carismático como AMLO y por la fuerza militar que ha ido construyendo en estos dos años y medio de gobierno para ir creando gradualmente el andamiaje político y social que lo sustituya ahora que deje el poder. Todos sabemos, que ninguno de sus alfiles o “tapados” cuenta con el liderazgo mínimo y por ello fortalece al ejercito para cubrir ese vacío de poder que quedará cuando se marche.

Pero sólo la organización política puede llenar el vacío de poder en forma permanente y real, no ficticia ni temporariamente como lo que hace López Obrador con el ejército. Todo esto plantea un dilema serio: o bien las élites establecidas compiten entre sí para organizar a las masas por medio del sistema político existente, o las élites disidentes las organizan para derribar al actual gobierno que lleva al país a más miseria y pobreza.

De esto último me refiero con nombres y apellidos. Las élites establecidas de la mano de los partidos políticos y sus grupos de poder que apoyan y financian a los de siempre o bien, las élites disidentes como FRENA que representa a la sociedad pura y dura, de la mano de los mismos grupos de poder que hartos y preocupados de lo que vivimos aspiran a un nuevo cambio político y social.

No tengo duda y concluyo, que en las condiciones actuales que vivimos y ante el reto de ir al precipicio político, económico y social si llegará a ganar nuevamente Morena y López Obrador en el 2024, el que organiza su política y al pueblo, es el que controla el futuro.

¿No cree usted?

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