El pasado 11 de octubre, se conmemoró como desde hace nueve años, el día internacional de la niña. La existencia de un día internacional para las pequeñas, fue promovida ante la Asamblea General de Naciones Unidas, tanto por una ONG a nivel mundial, como por una ministra canadiense, con el ánimo de terminar con la discriminación hacia las niñas, por cuestión de género y por edad. La resolución que dio a conocer esta fecha, destaca la necesidad de invertir y sensibilizar a la sociedad sobre el necesario empoderamiento de las niñas para romper con el desplazamiento y la violencia de las que son víctimas, además de proteger sus derechos humanos. Estudié aquí en León, la primaria en un colegio católico y privado. Mixto.
En esa escuela, hace 30 años, aun cuando perteneciera a una orden religiosa “de avanzada”, hacían algunas distinciones. Las niñas llevábamos uniformes y los niños no. En la lista de asistencia, nombraban primero a los varones y luego a las niñas. Éramos unas 12 niñas por 20 niños, en cada salón. Recuerdo que fue hasta que entré a cuarto de primaria, hará unos 30 años, que comenzaron a “ordenar” esas listas de asistencia en orden alfabético y un par de años después, nos exigirían uniforme a todos por igual. Y ¿cómo sería en otras escuelas? ¿y cómo sería en otros países? Hay zonas urbanas y comunidades rurales por todo México, en donde a las niñas, al alcanzar cierta edad, se les delega el cuidado de sus hermanos pequeños y en donde se les encargan las labores del hogar. Las pequeñas arrastran una tradición histórica que las limita y las proyecta como los estereotipos o las etiquetas dictan que sean. Según estadísticas, hay 31 millones de niñas que están en edad de cursar estudios de primaria y se encuentran sin tomar estudio alguno. Qué decir de aquellos países en los que se les obliga a las niñas a casarse antes de los quince años o en los que aún se acostumbra la oblación. Por otro lado, fisiológica y naturalmente, las niñas son más propensas a sufrir de violencia sexual. Y aunque todo lo apuntado parezca un cuadro amarillista y trágico, lejano a la realidad más inmediata de las niñas que están a nuestro alrededor, estamos equivocados. Aún hoy en día, en nuestra sociedad, se dan casos de hogares en los que se relega a las pequeñas y se destina el presupuesto familiar a “escolarizar” a los varones y no a las mujeres. De ahí, la necesidad de empoderar a las más jóvenes, para que no haya distinciones, para que demuestren que tienen la capacidad de desempeñar cualquier actividad o profesión que tengan en mente. Podría citar ejemplos de destacadas niñas, que al igual que muchos niños, se convirtieron en mujeres y hombres que dejaron una huella histórica en el mundo. Al teclear en cualquiera de los motores de búsqueda de la internet, sobre niñas destacadas, aparecerán más o menos, los mismos nombres. Ubicamos a unas más que otras. En cambio, si buscamos a niños, habrá muchos más y no porque en realidad sean mayoría, sino porque a las niñas simplemente no se les ha fomentado el potencial de liderazgo que son capaces de desarrollar. ¿O Usted qué cree?
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