Aquí estoy, mi Jesús, en esta Primavera a la que tan de repente le llegó el calor, y que hizo que literalmente hicieran “explosión de color” todas las flores y los árboles de nuestro querido México.
Me han llegado muchas imágenes por WhatsApp de las jacarandas en la Ciudad de México, en Guadalajara, en Cuernavaca… en mi querido León, Guanajuato…¡son una cosa tan maravillosa!.
Así que no pude resistirme a hacer lo que hace tanto tiempo deseé y no me había dado el tiempo: sentarme a orar debajo de una jacaranda en flor… El Padre Christian Jean, decía que no había lugar más hermoso para rezar…
Así que ahí voy, “papel y lápiz en mano” como diría Arjona, pero yo sí me puse a escribir… a escribirte, Señor… a platicar contigo… ¡debajo de una jacaranda!
¡Me siento tan amada por Ti, mi Jesús! ¡Eres tan bueno conmigo! ¿Quién soy yo para que Tú, mi Dios, mi Creador, te hayas fijado en este humilde ser? Sólo Tu Amor infinito nos llena, nos salva, nos resucita de nuestra rutina diaria, de nuestra soledad, de nuestro vacío…
¡Ser Abuela ha sido tan maravilloso! Elenita ha iluminado y llenado nuestras vidas de una forma que nunca imaginé ni creí. ¡Gracias por este enorme don!
Mientras estoy aquí sentada, en el atardecer, oigo caer una a una las purpúreas flores… como una lluvia suave, intermitente, en silenciosa y esporádica sinfonía. Algunas de ellas me rozan… las siento como caricias Tuyas, mi buen Dios.
Escucho también las abejas recogiendo, aunque ya sea tarde, la miel… ¡qué así pueda ser yo!… ¡qué pueda trabajar sin descanso para retomar el néctar que pones en todo lo que nos rodea!… ¡qué pueda trabajar sin descanso para llevar tu dulce esperanza a quienes me rodean!
Al igual, veo los pájaros que en bandadas sólo dan vueltas, me imagino que por gusto, en este cielo que has puesto para nuestro regocijo y el suyo. Algunos de ellos, cantan… se llaman unos a otros, pareciera que se van a dormir y que se desean las buenas noches… ¿no será que también despiden al sol y le dan la bienvenida a la luna? ¿O podría ser que te estén agradeciendo, como yo, este día que termina?
¡Tenía tantas ganas de venir aquí, debajo de una jacaranda a invocarte, mi Dios! Desde hace tanto tiempo, años, tal vez… ¡pero no me daba la oportunidad!. ¿Con cuántas cosas nos pasará así? Que deseamos tanto algo, tan sencillo y fácil de hacer, ¡y no lo hacemos! ¡Nos quedamos con las ganas!… Y son cosas tan elementales, como decir: ¡Te quiero!, ¡Te extraño!, ¡Te amo!, ¡Lo siento!, ¡Perdón! ¡Bravo!… otras veces, de dar un abrazo, de hacer una caricia, de mandar un regalo, de visitar a alguien… de simplemente, ver a alguien… estar con él o ella, plenamente… verl@ con cuidado, cariño y profundidad a los ojos… sostener nuestra mirada…
Me muevo de lugar… me pongo más en medio de los árboles… al principio me dio miedo porque creí que habría más abejas y que alguna me picaría. Miedo… siempre están ahí nuestros miedos… agazapados… escondidos… listos a salir en la menor oportunidad. Pero Tú no eres miedo, mi querido Jesús… Tú eres Amor, eres Paz… ¡permite que me pueda confiar en Tus manos! ¡Qué ya no sienta temor de lo que puede venir, porque tengo la certeza de que siempre, ahí, vas a estar Tú!
Caen más flores… a la menor brisa… como una cascada de color…
Estoy en el tapete morado de Tu Amor y Tu presencia, Señor… ¡Gracias!
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