La relación con el gobierno de Estados Unidos, debe ser entendida por la ciudadanía, informándose de las opiniones de quienes se ostentan como expertos, pero al mismo tiempo, habrá de tener conocimiento de la historia económica entre los dos países.
Como las reglas del capitalismo lo marcan, las relaciones entre los países, son como las interpersonales: no se dan relaciones de sujeto a sujeto, porque una de las partes trata de apoderarse de la voluntad del otro. El ciudadano debe despojarse del análisis ingenuo, para acceder a la conciencia crítica, es decir, a la que se formará mediante la información histórica y el análisis que resulte de la confrontación con los principios éticos que orienten su conciencia.
Es evidente que las relaciones entre países, no son entre iguales y, es el talento de sus gobernantes, quien atempera las consecuencias de esas relaciones desiguales. Pedir al gobernante que en las condiciones actuales, en donde las relaciones de poder internacional están regidas por el poder militar, se puedan hacer valer invariablemente criterios de justicia y equidad, resulta peligroso para el país, si a los conflictos generados por la desigualdad entre naciones, se suman los que surgen de la ignorancia de la población o a la mala fe.
Es evidente que para la especie humana es mejor regirse por el valor que por el imperio de la razón de la fuerza; pero hay momentos en los cuales, la convicción personal, por apegada a los principios éticos que se ostente, no puede contra el poder que genera el interés del dinero o las circunstancias adversas.
Entender que la fuerza de un país radica en la solidez moral de sus habitantes, es una tarea que debe realizar permanentemente el Estado, en el ejercicio de su función educativa, que es fundamental para asegurar la paz y la salud mental de la población.
La cultura de la legalidad debe ser objetivo toral de la educación y conocer la historia del desarrollo económico nacional, aunque no sea a nivel doctoral, es fundamental para consolidar el desarrollo económico, fundado en la idea que, sobre la democracia, nos entrega el artículo tercero constitucional.
El gobernante debe ejercer un magisterio fundado en valores y una clara conciencia de la realidad que vive el país. Concientizar permanentemente a través una política pública de comunicación social con esos fines, es imperativo a cumplir en el corto plazo.
