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Y sigue la mata dando…

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Una semana más ha pasado en estas tierras de nadie, donde tiempo atrás se respiraba una verdadera “ola de paz”, pero una paz verdadera, no como aquella frase tan sin sentido que nuestro máximo edil pronunció en su programa de gobierno, que más que programa, se equiparaba más a un cuento de hadas. Aquella ciudad que antes era todo un ícono de tranquilidad a nivel nacional, ahora se ha convertido en un campo de batalla donde en cada esquina se respira el amargo olor a pólvora, disipado por el vaivén de los vehículos que recorren día con día las interminables calles del laberinto de asfalto. Y lo que más sorprende es que ahora las personas se han acostumbrado al ulular de las sirenas, a las luces azules y rojas que a lo lejos aparecen proyectadas en las paredes de cualquier casa, cualquier comercio, cualquier edificio. Vergonzosamente nos hemos colocado en los primeros lugares de los Estados más peligrosos de México, fama que ha adquirido parámetros internacionales, con las perjudiciales consecuencias que trae aparejada tan mala reputación.

León Guanajuato, aquel municipio pintoresco, representado idílicamente en las canciones de Don José Alfredo, “su feria con su jugada”, ahora ha tomado otro significado. Muchos leoneses se preguntan: ¿Quién se está llevando la feria?, ¿quién está haciendo sus jugadas?. Actualmente lo único que nos representa en aquella bella melodía, es aquello que dice: “aquí en mi León Guanajuato, la vida no vale nada”.

Hombres y mujeres decapitados por igual, cárteles de todos colores y sabores se han apoderado de las calles, de la tranquilidad y de las instituciones, quienes cada vez dejan ver de qué lado están trabajando, y es más que evidente que no es el lado más honesto.

Mientras tanto, el gobierno municipal se entretiene creando ciclovías que nadie usa, ocasionando un impresionante caos vial. Al catálogo impresionante de buenas ideas que han establecido nuestros brillantes mandatarios(ocurridas quizás en una noche de juerga, ya que muchos de esos proyectos aún huelen a alcohol y botana), se suma el proyecto de la preferencia al ciclista, montando por todos lados de la mancha urbana, unos ridículos topes amarillos, tan diminutos como el cerebro de aquel que propuso su instalación, entorpeciendo aún más la ya de por sí lenta circulación de los conductores que llevan prisa para llegar a sus trabajos o a sus hogares, ya que aún no se reforma la ley laboral donde se dé como causa de justificación de los retardos laborales, la causal de “disculpe jefe, es que gracias a la ciclovía y a las obras públicas innecesarias, llegué con 30 minutos de retraso”. El ciclista no usa tan bonitas vías de transporte, en virtud de que tienen miedo de ser asaltados, como ya es costumbre, por todo el gremio de asaltantes que abundan, cual si fuera una plaga de roedores, por todos los rincones de la mancha urbana.

Por otro lado, al desorden que impera día con día, sumemos la falta de compromiso policial, los cuales han decidido no exponer su vida, ni su empleo ni su libertad, por una institución que lejos de protegerles, los deja en el más horrible de los desamparos cuando llega a suceder una desgracia (sino, preguntemos a todos los parientes de los oficiales caídos, quienes con lágrimas en los ojos no se explican el por qué la corporación los olvidó tan rápidamente, quedando de aquella heroica hazaña en donde murió el elemento, una triste y polvorienta foto en una pared que por cierto, ya le hace falta una capa de pintura).

El robo de auto partes se ha disparado, el asalto a transeúntes y a usuarios del transporte público es el pan de cada día (comenzando con el robo que los mismos concesionarios les hicieron a los usuarios con tan escandalosas tarifas), las amenazas, las extorsiones, los saqueos, los homicidios, la lucha por las plazas, los Jaliscos, los Durangos, los Marros, los de la unión, los de la desunión, los pintos, los colorados, los equis, los zetas, y quién sabe cuántos grupos más se han unido a este pleito por la tierra prometida (por aquello de que alguien consideró que tenía el poder suficiente para poder vender estas tierras guanajuatenses, prometiendo su venta cuál si fuera un contrato de promesa de venta, con sus respectivas jugosas ganancias de por medio).

En fin, mientras las autoridades no estén dispuestos a poner un freno al jugoso negocio del crimen, seguirá la mata dando. Esta vez no les envío un abrazo fraternal, porque estoy seguro de que se lo van a robar.   Cómo me gustaría aventar diamantina por los aires para que con ese acto digno de un jardín de niños, se resolvieran mágicamente las tragedias del día con día. Lejos de una lluvia de diamantina, necesitamos una lluvia de ideas.

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