Llegan las temperaturas más altas y muchos paladares agradecen los vinos ligeros. El abanico enológico ideal para estas épocas es extenso, pero, dejando a un lado los tintos de verano bien frescos, hablaremos de los vinos de aguja. Un vino de «aguja» no es una cava, ni un vino espumoso. Es aquel que por su origen varietal o por su elaboración conserva una pequeña cantidad de anhídrido carbónico procedente de la fermentación de los azúcares. Al abrir una botella, este gas se desprende en forma de burbuja, pero sin llegar a producir espuma.
Las variedades de uva que se utilizan para la elaboración de los vinos de aguja no son especiales ni diferentes a otros vinos. Sí son elaborados a partir de variedades de uvas autorizadas, por las prácticas especiales de su elaboración. Para los blancos es habitual encontrar las mismas variedades que para hacer cava (macabeo, parellada y xarel.lo), mientras que para los rosados son habituales la garnacha, la syrah, tempranillo, merlot, etc…Hay bastantes variedades con las que elaborar estos vinos. En algunas ocasiones el vino es más dulce y puede haberse elaborado con uvas moscatel por ejemplo.
TAMBIÉN PUEDE SER GASIFICADO
El vino de aguja también puede ser gasificado. Esto se produce cuando parte del carbónico que contiene el vino de aguja ha sido adicionado.
Gracias a estas burbujas, los aromas explotan en la nariz, dando una alta intensidad aromática. La elaboración tradicional de estos vinos, según cada región, da como resultado la conservación de un poco de CO2 producido durante la fermentación.
Muchos países realizan vinos de aguja que, bajo nombres diferentes –vin pétillant, vino frizzante, perlwein, vinho frisante, vi d´agulla o txinparta–, reúnen un mismo producto. Vinos normalmente un poco ácidos y jóvenes que son sometidos a dos fermentaciones para su obtención de CO2.
Frescos, suaves, ligeros y refrescantes: así son los vinos de aguja. Ya sea un lambrusco, un vinho verde o un charmat, todos guardan estas características similares. Y a diferencia del champagne o del cava, en casi todos ellos la burbuja no se produce de forma natural, en una 2ª fermentación, sino mediante un proceso artificial llamado gasificación.
Los vinos de aguja se caracterizan porque el gas carbónico contenido tiene una presión inferior a 3 atmósferas. Por tanto, no es necesario conservarlos en botellas tan gruesas como el cava. Suelen conservarse en botellas ligeramente alargadas, similares. pero no iguales a las del cava.
VINOS JÓVENES
Los vinos de aguja son vinos jóvenes que se deben consumir en el mismo año, para poder apreciar bien su frescor y el encanto de sus burbujas. En cambio, los cavas y espumosos no se embotellan el mismo año de su producción, y su añada, salvo grandes cavas, no suele venir indicada. Si el vino es de la última añada, se trata de un vino de aguja
Para distinguirlos de los blancos, rosados y tintos, lo mejor es agitar levemente la botella. Deben distinguirse las burbujas de gas -aguja-, a diferencia de los vinos tranquilos donde no se crean burbujas (como mucho, una ligera espuma en la parte superior).
En cuanto al sabor, la mayor parte de los vinos de aguja son bastante gaseosos y fundamentalmente dulces, y saben a vino joven -mezcla de frutos rojos o blancos-. En cambio, los cavas suelen ser más secos y con aromas a levaduras, yogurt o bollería.
A la hora de consumir un vino de aguja, cuanto más frío más agradable resultará, a diferencia de los espumosos, que conviene consumirlos fríos pero no demasiado, para que no pierdan sus aromas.
Mientras un espumoso se disfruta mejor en una copa flauta, un vino de aguja se debe beber en una copa de vino tradicional, para que pierda algo de gas.
Los vinos de aguja suelen tomarse a temperatura más fría que un vino blanco o un rosado, y para ver su calidad es importante el tamaño de las burbujas y su cantidad, ya que son muy importantes a nivel olfativo. Estos vinos maridan perfectamente con cualquier entrante, y solos o acompañados siempre son una buena elección en un cóctel. Las frutas encuentran en los vinos de aguja un gran aliado a la hora de tomar postres y son perfectos con pescados de roca al horno. También suele ser un vino agradable en boca, sobre todo si realizamos maridajes de vino y queso o maridajes de vino y jamón.
Pie de foto
La elaboración tradicional de estos vinos, según cada región, da como resultado la conservación de un poco de CO2 producido durante la fermentación.
