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VERGÜENZA NACIONAL

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Esta semana estamos de luto, un luto que hemos venido prolongando en los últimos años, donde nuestro estado se ha llenado de miedo, de sangre y de vergüenza, y a últimas fechas, la sangre ha adquirido un matiz diferente: ahora es sangre azul. Es indignante ver que el terror se ha sembrado en los 46 municipios de nuestra entidad federativa, llegando al ignominioso primer lugar donde más agentes de la ley han sido asesinados y no en cumplimiento del deber, sino por tan sólo representar a unas instituciones que, lejos de agradecer, los explota cada día más, ya que les recuerdo a mis respetables lectores, que los derechos laborales, en el ámbito policial, son prácticamente inexistentes. Braulio Luna, Filiberto Mendoza “el diablo”, Juan Adrian Villagrán “el patas”, Eduardo Efraín Muñoz “el panqué”, el comandante Antonio Baez Tapia, el compañero y amigo Alejandro Rangel del municipio de Acámbaro, los compañeros ministeriales “levantados” (lo más seguro es que hasta el momento ya hayan sido asesinados) en el municipio de Celaya, el agente de Investigación Criminal, Gustavo Adolfo Moreno López, asesinado en conjunto con su bebé,  los elementos policiales acribillados en el Pueblo Mágico (donde desaparecen los policías) de San Miguel de Allende, otros elementos muertos en Valle de Santiago, otros más desaparecidos por todo el estado (entre ellos la policía primero Julia Sierra Galván, quien misteriosamente desapareció después del día 24 de abril, fecha en que un comando armado arribó a las instalaciones de la Policía Municipal del municipio de Celaya y después de asesinar al oficial calificador en turno, se llevaron a un detenido), otros dos más en Dolores Hidalgo, y una lista de elementos, que de numerarlos, no cabrían en esta simple columna del autor de estas líneas. La alarma, el terror, la amenaza, ahora se ha esparcido como una especie de cáncer que no respeta razas, edades, culpables o inocentes. Ahora ya asesinan bebés, hijas, madres, directivos, oficiales, e incluso amenazan hasta a los instructores de las corporaciones policiales, los cuales ayer fueron víctimas de tremendo susto en el pueblo de Tarimoro, al vivir en carne propia, (entre ellos el que esta líneas escribe) que un desconocido nos vinculaba con supuestas personas pertenecientes a un grupo delictivo, y nos solicita que su “jefe” quería hablar con nosotros, argumentando que sabían que pertenecemos a un cártel, cuando nuestra única función en aquel bonito poblado, era ser instructores que capacitamos a elementos de la corporación policial.

La situación ha excedido los límites socialmente tolerables, algo se salió de control, y aquello que comenzó como una pequeña e insignificante bacteria, ahora se ha convertido en un terrible monstruo parecido al mitológico “Hidra”, cuyas cabezas son incontables, y cuyo poder rebasa las fuerzas de nuestras autoridades procuradoras de justicia y seguridad pública.

Las autoridades han sido amedrentadas por los grupos criminales de alto nivel, mientras que el ciudadano ordinario ahora se encuentra a total merced de los ladrones de casa habitación, asalta transeúntes, carteristas, ladrones de vehículos de motor, cristaleros, entre otra gama maldita de escorias sociales, a los cuales nuestras honorables instituciones de la salvaguarda de los Derechos Humanos, insisten en que debemos de tratar como “seres civilizados”, aunque su comportamiento se asemeje más a un animal que a un ser pensante y racional.

La única forma de combatir a tan terrible demonio, es cortando la cabeza del monstruo de un sólo golpe, sin embargo, la pregunta obligada es: ¿quién está dirigiendo la cabeza? Tal parece que no hay un golpe de Timón para monstruos de cabezas múltiples, y aunque lo hubiera, el segundo cuestionamiento sería: ¿quién será aquel Hércules que tenga el valor de enfrentarse a la bestia? ¿Habrá acaso un Teseo que sea capaz de adentrarse a caminos laberínticos a derrotar al Minotauro?

Corporaciones policiales corruptas, directivos coludidos con el hampa, personal de confianza vinculados con redes delictivas y con un pasado ignominioso, nepotismo por aquí y corrupción por todos lados, es lo que ahora caracteriza a uno de los estados que durante mucho tiempo era el ejemplo de armonía y tranquilidad. Quizás los globos no lleguen al festival este año, porque tal vez los puedan desaparecer. El festival Cervantino no será el mismo, porque el espíritu de Don Quijote de la Mancha no se encontrará presente, a excepción del apelativo “Mancha”, pero ésta no será quijotesca, sino de sangre. Esta columna, más que columna, parece un obituario. A la memoria de los oficiales caídos, cuyo único pecado fue representar a una institución corrupta. Descansen en Paz.

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