El lunes 5 de marzo, en otra más de las versiones diarias de la pesadilla informativa llamada o conocida como “la mañanera”, donde escuchamos los mexicanos las versiones oficiales del actual gobierno en voz del presidente López Obrador, sabedores que se trata de un monólogo lleno de mentiras y falsas realidades con datos amañados y en compañía de supuestos periodistas “a modo” escogidos por el responsable de Comunicación Social, presenciamos un verdadero sentido del ridículo ajeno.

Vimos en cadena nacional a un frágil, débil e ignorante presidente de la república trastabillar una y otra y otra vez, al ser cuestionado ahora sí, por un periodista de verdad de la cadena Univisión. Aún con la ventaja que tenía AMLO de saber que el periodista Jorge Ramos estaría presente en la conferencia matutina, ya que todo aquel informador que pretende acceder a las “mañaneras” tiene que acreditarse y en ocasiones, informar a los gorilas del presidente, el tema o temas a preguntar.

Para nosotros los ciudadanos y pueblo en general, no es novedad saber de la profunda ignorancia y falta de preparación académica y formativa del mandatario de México. Siempre, siempre hemos visto al entonces líder antisistema hablar con seria dificultad al pronunciar una frase seguida sin tartamudear o hacer espacios de pronunciados segundos para pensar y expresar sus ideas. Improvisando y hablando sin ton ni son. Como candidato a la presidencia y como titular del Poder Ejecutivo, ha sido igual.

López Obrador sabía perfectamente los temas que le preguntaría Jorge Ramos, aun así, hizo el gran ridículo delante de las cámaras y micrófonos ante millones de compatriotas y medios nacionales e internacionales. Exhibiendo su falta de preparación y conocimiento de sus propios datos que genera su gobierno en temas como seguridad y salud, que fueron únicamente los dos temas abordados por el periodista.

Pudimos ver en acción a un mandatario subnormal, inútil, inseguro, improvisado, incómodo, desinformado y molesto por ser incapaz de debatir con seriedad y certeza los temas que se supone debe conocer y manejar a la perfección, pero, sobre todo, la falta de conocimiento de propios datos generados por sus colaboradores y de sus programas de gobierno, saliendo por la tangente como suele hacerlo, con su frase trillada de que él “tiene otros datos”.

El mentiroso presidente, fue exhibido en su propia cancha, jugando de local, con ventaja en su territorio que el periodista denominó “la burbuja” de Palacio Nacional, donde desde ahí, construye historias de un México irreal que contiene la violencia, que no hay nuevos cárteles regionales, que la gente vive feliz, feliz, feliz, donde no hay crisis económica ni penuria alguna de parte de los pequeños y medianos empresarios y donde no existe desabasto alguno de medicamentos en las clínicas y hospitales del sector salud.

La mentira como práctica cotidiana del actual gobierno y en boca del propio presidente de México, contribuye a denostar aún más la política y la propia clase política que de por sí, está muy devaluada. Así como también, la frágil democracia, sus instituciones, el sistema de partidos y el estado de derecho.

Si el gobierno miente y engaña, qué se puede esperar de su pueblo que tiene el ejemplo de quien lo gobierna.

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