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¿Una fecha olvidada?

“Formé mi plan conocido por el de Iguala; mío porque solo lo concebí, lo extendí, lo publiqué y lo ejecuté. Me propuse hacer independiente a mi patria porque éste era el voto general de los americanos”.                                                                                                                                  Agustín de Iturbide

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Controversial ha resultado siempre la figura de Agustín de Iturbide, pues desde que consiguió la independencia de México muchos grupos comenzaron a atacar su figura, lo que se incrementó cuando se le coronó emperador de la nueva nación. Dejado el trono y estando en el exilio sus enemigos políticos lo colmaron de vituperios, siendo declarado traidor por el congreso y fusilado en cuanto volvió a su país con la intención de defenderlo ante una próxima invasión extranjera, sin tener siquiera la posibilidad de un juicio.

Desde entonces el nombre del libertador ha sido borrado como tal, presentándolo la más de las veces como un personaje lleno de ambición personal que no merece estar junto a los que pelearon del lado insurgente, aunque finalmente estos últimos no hayan sido los que le dieron la emancipación a la entonces Nueva España.

El 27 de septiembre de 1821 entró Iturbide con el ejército trigarante a la Ciudad de México, consumando con este acto la tan ansiada independencia del territorio novohispano. Sin embargo, esta fecha, la que marca el verdadero inicio del México independiente, pasa inadvertida para la gran mayoría de las personas.

Después de haber peleado en el bando realista y ser clave en no pocos triunfos contra los insurgentes a lo largo de varios años, Iturbide participa en la conspiración de La Profesa junto con otras personalidades que ven la conveniencia de separar a la más importante colonia española de la Corona. Con el movimiento insurgente casi extinto, Iturbide invita a Vicente Guerrero a unírsele para poner fin a la lucha armada y dotar de autodeterminación a México.

Con la promulgación del Plan de las Tres Garantías o de Iguala se da un paso definitivo para por fin dejar de depender del imperio español. Iturbide logró la independencia de México, de eso no hay duda, no obstante se le niega sistemáticamente ese mérito y se le entrega a otros.

Se dice que fue sanguinario contra los insurgentes, ¿e Hidalgo?, ¿no se dio toda una masacre contra inocentes en la toma de la Alhóndiga de Granaditas?, ¿no permitió el cura de Dolores múltiples asesinatos de españoles a sabiendas de que no pesaba delito alguno en su contra sino el sólo hecho de ser peninsulares?

Se señala que se opuso a la independencia y luego la buscó por su interés, el hecho es que la conquistó, es innegable, aduciendo él en su favor que luchaba contra los rebeldes por el gran daño y destrucción que estaban causando a la Nueva España. Además, el mismo Hidalgo comenzó su movimiento al grito de “¡Viva Fernando VII!”, el monarca español, por lo que no comenzó su brega precisamente como una pugna independentista.

A Iturbide se le condena por haberse contrapuesto a Hidalgo, combatiéndolo con los medios a su alcance, pero se oculta el que Ignacio Allende, siendo compañero de armas del cura, buscó constantemente una oportunidad para envenenarlo, lo que no logró por las excesivas precauciones que Hidalgo tuvo porque desconfiaba de él. A ambos líderes insurgentes se les vitorea cada año en la ceremonia del “Grito”, nadie se acuerda de sus errores, a Iturbide nadie lo recuerda y cuando se le cita es únicamente para hablar de sus fallas.

A quienes han forjado esta nación debe analizárseles como personas de carne y hueso, propensas a yerros y aciertos, no como seres inmaculados por un lado y como la encarnación del demonio por otro. Hace unos días vi una película, de aquellas en blanco y negro, que se ambientaba en cierto pasaje histórico del país, ahí se presentaba a personajes reales de la época tratada, pero con tal solemnidad que parecían casi petrificados, apenas movían los labios, pareciera que habían bajado las estatuas de bronce de su pedestal en las avenidas y glorietas para hacerlas aparecer en las escenas. Desafortunadamente mucha gente ve la historia de ese modo, los buenos, representados por grandes monumentos, contra los malos, traídos a la memoria solamente para hablar de lo “innombrables” que son.

Como todos los años el 27 de septiembre, el día de la consumación de la independencia de México, pasará inadvertido para la mayoría y el nombre de Agustín de Iturbide igualmente. Quién sabe si llegará el momento en que se le reconozca al autor del Plan de Iguala su extraordinario logro o si seguirá siendo, como aún hoy, el blanco favorito de ataques para conservarlo como uno de los grandes villanos de nuestra historia.

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