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Una carta de terror

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“Tengan confianza. No somos rebeldes sin causa y tenemos palabra. Sabemos cumplir nuestros compromisos. No se dejen asustar”. Estas palabras fueron parte del mensaje final de la carta que Andrés Manuel López Obrador envió a los inversionistas y que fue publicada por El Financiero hace algunos días. En su misiva, el candidato de Morena presenta, en 10 puntos, su diagnóstico sobre el país y sus intenciones de gobierno. En particular, en el punto cuatro, habla sobre el modelo económico que pretendería implantar, en caso de llegar a la Presidencia de la República; y es, posiblemente, la parte más reveladora y preocupante de su carta.

El punto cuatro del texto señalado dice: “En términos generales, el modelo económico que proponemos es semejante al que se aplicó en el país en el periodo denominado del “Desarrollo Estabilizador”. Con esa orientación la economía mexicana creció a tasas del 7 por ciento anual, sin endeudamiento, inflación ni devaluación de la moneda. No es nuestro propósito, desde luego, revivir un modelo del pasado y aplicarlo de manera mecánica; pretendemos retomar las lógicas que funcionaron, ajustarlas a las condiciones actuales y aplicarlas con una visión política distinta, de pleno respeto a los principios democráticos y a la legalidad”.

En un artículo escrito por Timothy Kehoe, para la revista El Trimestre Económico, del Fondo de Cultura Económica, se hace una breve reseña de este periodo de la historia económica de nuestro país, comprendido entre la década de los años 50 y 60. Efectivamente se dieron tasas de crecimiento de más del 6 por ciento por año, con escasa inflación y niveles de déficit sumamente bajos. Este periodo se caracterizó por un gobierno intervencionista en la actividad económica, el cual invirtió fuertemente en infraestructura pública, el sector petrolero, salud y educación. En suma, se dio un gran dinamismo económico por la influencia de un gobierno paternalista.

En cuanto al sector empresarial, se aplicaron medidas fiscales para promover la reinversión de las utilidades. En adición, se aplicaron políticas para la creación de nuevas empresas basadas en los subsidios, las exenciones fiscales y apoyos financieros por parte de la banca de gobierno. Sobre todo, se buscó la integración de cadenas de suministro nacionales, por medio de la substitución de importaciones. Esto trajo consigo, la aplicación de medidas proteccionistas y aranceles, para cuidar y promover la industria nacional. Asimismo, se crearon y se fortalecieron las empresas estatales. Se dio un proceso de mexicanización de la economía, como lo denomina el autor del artículo citado.

En apariencia, el modelo económico que pretende implantar AMLO, mediante un gobierno robusto y protector, podría ser la solución a los bajos niveles de crecimiento. Sin embargo, el “Desarrollo estabilizador” feneció porque simplemente no fue sostenible en el largo plazo; además de que el contexto histórico y global en el que se desenvolvió, era completamente distinto. Prácticas similares han fracasado recientemente en naciones latinoamericanas; y no han podido ser aplicadas por el presidente Trump, en los Estados Unidos. Este tema merecería un análisis amplio y detallado, pero, por ahora, basta decir que la carta de AMLO asusta, y mucho.

Mi correo: gituartem@gmail.com

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