La Rebelión
4 de marzo, 1913. Sonora.
A todos nos hervía la sangre, nos sentíamos indignados, el presidente Francisco I. Madero, estaba muerto.
Dos semanas atrás, el ‘perro’ de Victoriano Huerta nos mandó una carta a cada gobernador del país, asegurando que el Congreso le había otorgado, así por las buenas, el Poder Ejecutivo y días después nos enteramos que Madero y Pino Suárez habían sido asesinados y no se debía ser imaginativo para saber quién dio la orden de ejecutarles.
Ahora quedaban dos caminos, quedarnos callados y obedecer cada una de las órdenes que Huerta diera o exigir justicia, una que costaría mucha sangre.
En Sonora, el gobernador Ignacio L. Pesqueira, se reunió con algunos miembros del congreso del estado -¿entonces?- preguntó el gobernador alisándose el bigote con la palma de la mano y pasando la mirada por cada uno de los presentes –¿nos sometemos o nos rebelamos?- las opciones eran claras y en cualquier caso, bien sabían todos que tarde o temprano la guerra pasaría por Sonora.
Huerta deseaba lo que un momento fue de Porfirio Díaz, y había dos verdades: Huerta no tenía los ‘tamaños’ que tenía Díaz, nadie podía ser tan brillante ni tan desgraciado como don Porfirio. Y también sabíamos que Huerta siempre resolvía todo con traiciones y quemando cartuchos, todos tenían algún recuerdo agrio de ese hombre.
-¿entonces?- volvió a preguntar Pesqueria, el momento era ahora y pensando en sus familias, en sus miedos y el porvenir –rebelión- dijo el primero, Pesqueria comprimió una sonrisa placentera –rebelión- dijo otro. Poco a poco los miembros del congreso fueron aceptando la necesidad de desconocer a Huerta como lo había hecho ya Venustiano Carranza –Rebelión- dijo alguien más mientras evitaba la mirada de los presentes sintiendo el peso del revolver que ocultaba bajo la chaqueta “¿tendré que usarlo?” se preguntó el diputado.
-esta dicho entonces- aseguró Pesqueria –aquí todos rebeldes- les dijo.
Esta escena se repitió en muchos lados del país, México no toleraría que un asesino les gobernará y se encontraban dispuestos a morir para defender la democracia, morir en busca de vengar a Madero.
