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Toma y daca: ¿Solo un sueño?

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La migración siempre ha sido un fenómeno social que ha existido desde hace mucho tiempo, primero como nómadas después como emigrados.

La inmigración es la entrada a un país o región de personas que nacieron o proceden de otro lugar, es decir emigraron para dirigirse a otra zona.

Las causas son muy variadas pero en general es la búsqueda de recursos, calidad vida, empleo o simplemente por una necesidad personal. En algunas ocasiones, la inmigración es propiciada o favorecida por los gobiernos con el fin de encontrar gente apta o experta en determinados tipos de trabajo.

La emigración hacia América fue enorme en la segunda mitad del siglo XIX y en las primeras décadas del siglo XX. En la actualidad continua en muchas partes del mundo sobre todo para alcanzar, supuestamente, mejores condiciones salariales y de vida o como refugiados debido a las condiciones de inseguridad que existen en sus lugares de origen.

Como haya sido, este fenómeno representa todo un reto para los países involucrados ya que han provocado cambios en muchos aspectos debido a su influencia lingüística, cultural, composición racial y social.

Con base en lo anterior no podemos estar ajenos al fenómeno que está ocurriendo con muchos inmigrantes en Estados Unidos, conocidos como Soñadores (Dreamers en inglés), de los cuales 80% es de origen mexicano que migraron con sus padres a edades tempranas y que crecieron en un país en el que adquirieron sus usos y costumbres pero no pertenecen, en realidad, al país de origen, aunque en sus venas lleven esa genética.

En la tierra del bravo y de la aparente libertad asociada al supuesto sueño americano formaron parte de su vida y sus costumbres. Creyeron en el sistema, aunque conocían bien o mal su situación por la llegada no legal de sus familias, se adhirieron a la línea de salvación que les tendió el gobierno americano con la conformación del proyecto DACA (Deferred Actions for Childhood Arrivals) -durante la administración de Obama- con el fin de beneficiar a ciertos inmigrantes no documentados que llegaron como niños a Estados Unidos y que cuentan con cierto nivel educativo, difiriendo las acciones del Departamento de Seguridad Nacional para evitar su deportación.

Ahora ese sueño, su línea de conexión, se ha roto por diversos motivos, pero el principal es la xenofobia y racismo, aunado a la infracción de algunos procesos legales que ese país, con tanto ahínco, atesora y que actualmente han provocado no una tormenta, más bien, un huracán acompañado de sismos que están poniendo en juego las bases del Capitolio.

No podemos ser juez y parte de los procesos que se llevaran a cabo en una nación extraña a la nuestra. Nuestro Gobierno como siempre actúa en forma demagógica emitiendo señalamientos y ofreciendo una respuesta no concreta y definitiva en el caso de una deportación masiva de más de 650 mil jóvenes, ya que tiene la esperanza de que suceda un milagro y que en 6 meses o menos se resuelva esa situación.

Mientras acontece esto, no se ha generado por parte de las autoridades mexicanas un verdadero programa para aprovechar este suceso de una forma positiva y poner en alto el nombre de nuestro país.

El decreto presidencial educativo, todavía carece de marco normativo y operativo, lo mismo que la red de apoyo de la UNAM (con 200 instituciones estadounidenses) o las becas ofrecidas por el Tecnológico de Monterrey.

México requiere de mentes brillantes y capital humano preparado para enfrentar los retos que conlleva el futuro. No debería verse este suceso como una carga que representaría millones de pesos para poder soportar a cada uno de los Dreamers que posiblemente lleguen.

Deberíamos formular estrategias para recibirlos y hablar tanto con las universidades públicas como privadas para generar programas que incluyan a estos jóvenes. Lo mismo con las empresas que requieran de los conocimientos que han obtenido a lo largo de su educación. Lo que generará mayores ingresos a nuestro país, sin haber efectuado el gasto en sus estudios y el conocimiento de otro idioma; además de conocer a la perfección el sistema y relaciones del país que les dio casa y educación durante este tiempo.

Se debe formar una comunidad que establezca vínculos adecuados con medidas que den soporte formal, estructurado y seguro.

Toma y daca, como el juego de la perinola en que todos ganan, a veces tomas, otras veces das y muchas otras perdemos, si, perdemos la oportunidad de ser generosos y atender las necesidades de nuestra gente que en ocasiones realmente necesita ese apoyo sincero, creativo y eficaz. Evitando el obtener prebendas o beneficios. Simplemente es servir y tender una mano que apoye y fortalezca a nuestra nación.

Hacer ese sueño REALIDAD es tarea de TODOS.

¡Un buen regalo de NAVIDAD!

¡Hasta la próxima!

Comentarios: dr_rethcuel@yahoo.com

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