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Tenemos un país que está muriendo

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El martes 10 de septiembre del 2024, pasará a la historia moderna de México, cómo un martes negro que presagia el fin de una era política del país y el cambio político al centralismo, autoritarismo y totalitarismo constitucional. Expresado de manera legitima por el voto mayoritario del pueblo, a favor de un partido político hegemónico, de la mano de un caudillo mesiánico.

La mezquindad, perversidad, ruindad y miseria humana de la clase política mexicana, se expresó a plenitud en el momento que más lo necesitaba el pueblo mexicano. Sobre todo, aquellos 16 millones de ciudadanos que votaron a favor de los candidatos del PAN, a puestos de elección federal como los diputados federales y senadores, fueron traicionados vilmente.

Al más puro estilo gansteril y superando con creces al PNR, PRM y al PRI de la década de los 40’s. Una vez más, MORENA, AMLO y su pandilla que conforman la 4T, implementaron toda una estrategia de Estado, para lograr con todo lujo de corrupción la compra, cooptación de votos y voluntades de senadores de oposición y conseguir la mayoría suficiente para aprobar la reforma judicial.

¡Así! De la misma manera que fraguaron y articularon la caída del INE, del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación y una elección de Estado a todas luces ilegal, implementada por el gobierno federal y el partido en el poder. Sin rubor alguno los políticos de MORENA hicieron gala de todas sus “armas” políticas amenazando y comprando conciencias.

Las escenas llenas de violencia en las calles aledañas al Senado de la República, y ver el recinto tomado por una enorme turba de manifestantes a favor y en contra de la Reforma Judicial, nos hicieron recordar a Venezuela, Bolivia, Nicaragua o Cuba, ante el levantamiento social de miles de ciudadanos que claman justicia y buen gobierno. Seguramente con este marco, ya serán menos los mexicanos que aún duden, en lo cerca que estamos de los países socialistas.

La inestabilidad política y social, continúa subiendo de tono ante imposiciones del gobierno, con una pobre oposición que es fiel reflejo de la descomposición que hoy vive la sociedad en su conjunto. Las consecuencias desestabilizadoras del sistema político, para dar paso a un nuevo régimen que no cuenta con los mínimos equilibrios sociales y económicos, traerán cómo resultado más crisis.

Cómo si no hubiera sido suficiente, el remate final de la aplanadora política de la 4T y su partido MORENA, al más viejo estilo del partido de Estado, en un régimen autoritario y dictatorial, los Congresos de los estados afines a López Obrador, aprobaron de manera automática, sin estudio y discusión previa la reforma al Poder Judicial Federal.

Mientras tanto, seguimos escuchando increíblemente al presidente de México, a la futura presidenta y a toda la plebe morenista, justificar la dichosa reforma judicial para acabar con la corrupción y nepotismo que vive el Poder Judicial. Cómo si en el Poder Ejecutivo y Legislativo, no existiera corrupción y nepotismo. Pero ahí, no hay necesidad de reformar los poderes.

México está devastado, las instituciones despedazadas, el equilibrio de poderes y la democracia en quiebra, el pueblo sometido al dictado de las dádivas que el gobierno regala a todos aquellos con necesidad o sin ella, pero al contentillo de estirar la mano, aunque la escondan y ponen la otra para recibir el dinero de los programas sociales. La sociedad civil, representado por aquellos opositores al régimen no-democrático, aún cuando el gobierno se jacta de ser demócratas.

Tenemos un país que está muriendo, ante la orfandad y soledad de ciudadanos que nadie representa, que nadie cuida, que nadie protege y que la clase política usa y abusa sin piedad alguna. Es la hora de una nueva clase política, que emerjan nuevas caras de políticos que provengan de la sociedad, ya no más de los partidos políticos.

¿No cree usted?

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