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¿Somos responsables?

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Es una pregunta que cimbra desde lo más profundo de nuestra existencia como seres humanos, no solo en nuestro ámbito  personal, también  en nuestras acciones cotidianas que asumimos en nuestro medio ambiente, en al ámbito social.

Mueve, como un péndulo, el mecanismo social a través de la energía que generamos. Desde pensamientos hasta los efectos que estos últimos ocasionan a nuestro entorno.

Ajenos y ausentes realizamos pequeñas acciones, aparentemente inofensivas y pensamos que no incitaran consecuencias devastadoras.  Diminutas actitudes que  suman, poco a poco, los efectos que se aprecian hoy en el comportamiento del tejido social.

Introspectivamente nos preguntamos si en verdad somos responsables de los sucesos acontecidos en la historia de la humanidad, en nuestra historia social y personal. En base al pensamiento lógico podríamos asumir que la justificación que sentimos obligados a admitir sería: sí.

La realidad es que, depende de diversas variables y en especial en el punto de vista que cada persona tiene, de acuerdo con sus creencias, cultura y desarrollo social.

Todas las mañanas despertamos, vamos al baño. Tomamos un receso, nos vemos al espejo, nos diremos una que otra frase, algunos tomaremos café otros, solo un “jugo y dos yemas” y sin más saldremos a realizar lo que estemos preparados para hacer:

-Nuestra responsabilidad.

¿De qué está hecha. ¿Cómo se pone?¿Qué se dice?…

Es tan solo una palabra que deriva del latín: responsum o responder.

En este contexto si somos responsables.

Tenemos una respuesta para todo.

Desde la puntualidad mexicana (PM) hasta las más impresionantes respuestas de  nuestras faltas ante nuestro ámbito social. Respondemos, desde una dirección hasta el más complejo problema, muchas veces sin tener la menor idea.

Siempre hay una respuesta.

Aunque no sea la realidad, pero es nuestra “verdad”.

La responsabilidad no es solo hablar cuando alguien nos cuestiona.

Es el cumplimiento de las obligaciones. El cuidado de hacer o decir algo. También en la forma de responder que implica el claro conocimiento de nuestras acciones y cumplimiento de nuestros compromisos.

La responsabilidad se puede ver como la conciencia acerca de las consecuencias que tiene todo lo que hacemos o dejamos de hacer sobre nosotros mismos o sobre los demás.

El ser responsable es reflexionar seriamente antes de tomar cualquier decisión, pensando en los resultados y efectos que puedan afectar la propia vida o la de otros; es la capacidad de sentir lo que otros sienten y entender las necesidades de los demás; reconocer los errores cometidos y disponibilidad a repararlos.

-Pensamos que no hay consecuencias.

Vivimos en un país en el que nuestro actuar semeja  al juego infantil:

– “lo que hace la mano, hace la tras”.

Somos como niños encontrando excusas para evitar el regaño y buscamos culpables en quien depositar nuestros errores, nuestra falta de juicio y responsabilidad.

Desde el Presidente hasta el último mexicano de este país tiene responsabilidades.

-No es excusa la ignorancia.

Uno de los principios básicos de nuestro Estado de Derecho es aquél que sostiene que la ignorancia de la ley no exime de su cumplimiento.

Los miembros que participan en diferentes cargos de los Poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial en todo el territorio nacional, a veces (siempre) parecen olvidar el cumplimiento de la Ley, cuándo se disculpan en los casos de corrupción urbanística, haciendo mención que no han actuado de mala fe y que desconocían los hechos.

Tal vez haya habido casos en los que los políticos implicados no han actuado de mala fe (¿?), pero eso no les exime su responsabilidad política y judicial. Como mandatarios públicos están obligados a saber si una decisión suya está o no dentro de la legalidad y jamás pueden escudarse en un desconocimiento que, en cualquiera de los casos, sería inadmisible.

Existe la responsabilidad jurídica, donde toda persona es legalmente responsable de determinada conducta y que en parte es referida a la obligación de reparar daño moral o material causado por alguna violación.

En todo el territorio nacional hay ejemplos de faltas administrativas, corrupción, desfalco. Desde los huachicoleros hasta los fraudes financieros o las obras realizadas por la Secretaria de Comunicaciones y Transportes en el Estado de Morelos, en nuestro municipio o en cualquier parte de México.

Nadie asume su responsabilidad, todos culpan a los demás, invocan su desconocimiento en los hechos perpetrados.

La realidad es que son (somos) culpables y donde también aplica el  refrán popular: “tanto peca el que mata a la vaca, como quien le agarra la pata”.

“El precio de la grandeza es la responsabilidad.”

-Winston S. Churchill.

¡Hasta la próxima!

Comentario: dr_rethcuel@yahoo.com

 

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