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Solo le quedaba morir (La Decena Trágica)

‘Un Capítulo en México’

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18 de febrero, 1913. Palacio Nacional, Ciudad de México.

Detrás una puerta, en el interior de una habitación vigilada por soldados, un hombre arrepentido y destruido lamenta su suerte.

-Sarita- susurra mientras mantiene la vista clavada al suelo, no tiene esperanza en nada, sabe que ya solo le queda morir, Francisco ya no tiene tiempo para pensar en México, dedica sus pensamientos a su esposa.

Francisco I. Madero, Presidente de México y líder triunfante de la revolución, está preso junto al vicepresidente Pino Suárez. Los rumores de la traición corrían por todos lados pero él no los escuchó, ignoró a su hermano y ahora recordaba con pena sus palabras “Nos van a matar” le dijo y Madero decidió no hacerle caso, ahora sospechaba que Gustavo, su hermano, ya estaba muerto.

Sintió vértigo cuando un capitán le informó la situación –varios regimientos se han alzado en armas y liberaron a los presos porfiristas- Madero no se sorprende de que sean liberados los que fueron leales al viejo Porfirio pero se recrimina en silencio el no haberles mandado al destierro o al patíbulo.

Madero se alistó para salir a Palacio, deseaba estar presente y resolver la situación, aun no veía todo perdido y al llegar se enteró que hubo una masacre a la puertas del Palacio Nacional, el jefe de plaza, el general Lauro Villar, defendió el lugar, los cadáveres ya adornaban el sitio y entre los muertos se encontraba uno de los líderes de la traición, el cadáver de Bernardo Reyes le fue presentado –esto no debió suceder- dijo Madero, para él, la revolución había terminado, ya no era necesario derramar más sangre. Al menos el general Villar estaba vivo pero herido y así no puede luchar, entonces Madero tomó la decisión que puso fin a todo –General Huerta, ponga fin a esto- le dijo y ahora comprendía aquella sonrisa jocosa que Victoriano Huerta le lanzó al recibir el mando de las tropas de la ciudad.

Madero da un golpe contra la mesa, ahora que está preso lo entiende todo. La sorpresiva presencia de Huerta después del ataque, la falta de eficacia en sus intentos por acabar con los golpistas, se da cuenta que fue engañado. Observa a Pino Suárez, que al igual que él, piensa en la familia que dejará atrás, Madero no se atreve a pedirle perdón por su falta de visión ¿de que serviría de cualquier forma?

Durante diez días, Madero esperó que Huerta cumpliera su misión, comenzaba a darse cuenta de que los rumores de que Huerta era un traidor podían ser ciertos. Reunió a miembros de su gabinete para decidir qué hacer, a quien llamar o a donde podrían escapar, apenas estaba decidiendo cuando la puerta se abrió de golpe –¡quietos!- gritó un capitán en compañía de otros soldados, ni si quiera hay tiempo para decir ‘esta boca es mía’ miembros del gabinete toman sus pistolas, disparos fueron y vinieron, los cuerpos cayeron al suelo dejando charcos de sangre y apareció una estela de humo de pólvora que aturde los sentidos.

Madero logró escapar, llegó hasta el elevador del Palacio, aprieta los dientes ¿Qué hacer? Se preguntó al saber que su vida estaba en peligro. Al llegar al patio se encontró con el general Blanquet, ese hombre debía protegerle –general, unos soldados no han traicionado.

-está detenido- responde Blanquet, apuntándole con la pistola y sonriendo tranquilamente.

-¡Es usted un traidor!- responde Madero pero la suerte fue echada y le tocó la de perder.

En la ciudad, al saber de la detención de Madero, inicia una fiesta macabra entre traidores, alborotadores y gente de poco seso. Al tiempo que Madero fue encerrado con Pino Suárez, su hermano fue cruelmente asesinado y Victoriano Huerta, como buen tahúr se guardó las mejores cartas, fue nombrado Presidente Provisional de México.

Ahora, preso en Palacio Nacional, Francisco I. Madero ya no tiene tiempo para México, piensa en Sara, su esposa, desea tanto volver a verla pero sabe que no será así –¿Por qué?- Se pregunta mientras el llanto rompe su voz y las lágrimas corren por sus mejillas.

Hizo de todo, amó a una hermosa mujer, fue un empresario exitoso, se ganó la eternidad en la historia, cambió a México y ahora solo le quedaba morir.

Cuatro días después, Francisco I. Madero fue asesinado a espalda del Palacio de Lecumberri de un certero disparo en la cabeza. Su muerte dio inició a la lucha para dar fin a la dictadura de Victoriano Huerta.

uncapituloenmexico@gmail.com

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