Casi 48 horas después de que la niña de tres años Paloma y su papá fueron asesinados a tiros en Silao, agentes de la Procuraduría General de Justicia del Estado detuvo a dos presuntos responsables y solicitó órdenes de aprehensión para otros cuatro. Esto se logró después de ejecutar una docena de cateos y de espectaculares y muy visibles operativos en varios puntos de la ciudad. Fue todo un show, pero se consiguió el resultado.

Sin embargo, ¿tenía que morir una niña de 3 años para que las autoridades reaccionaran? ¿Por qué no actúan igual en todos los casos? ¿Por qué a pesar de que ya demostraron que sí pueden detener homicidas el discurso sigue siendo responsabilizar a la federación (y ahora también a los municipios)? ¿Sigue siendo un tema de legislación y no de prevención y procuración de la justicia? ¿Cómo sirvió Escudo para la detención de estos dos asesinos?

Sí, es bueno que agentes de la PGJE realizaran las detenciones (falta desde luego que logren las respectivas sentencias condenatorias), pero este caso pone en evidencia la pasividad en la prevención de los delitos.

Como han dicho hasta el cansancio, es casi imposible evitar un asesinato cuando está por ejecutarse, pero la Procuraduría tiene más opciones para prevenir los crímenes: saben dónde están los delincuentes, como quedó claro al obtener en algunas horas las órdenes de cateo. ¿Por qué esperar hasta que se comete un crimen para intervenir?

En Silao ha habido decenas de asesinatos cometidos por hombres en motocicleta. Carlos Zamarripa, el procurador de Justicia, dijo que en los recientes cateos se aseguraron varias motos, al menos una de ellas con características similares a la que se utilizó en otro asesinato. Es decir, con este golpe podrían esclarecer no uno, sino decenas de casos más. ¿Por qué no actuaron antes?

El viernes en la noche, en Irapuato, una familia fue atacada balazos; una menor de tres años y tres adultos más resultaron lesionados. Los delincuentes, para variar, viajaban en moto. ¿Y la PGJE? Esta vez no hubo operativos espectaculares.

Duele ver que personas inocentes sufran las consecuencias de la seguridad. Duele que el Gobernador no asuma su responsabilidad y culpe a otras instancias. Duele que el programa Escudo esté de adorno, porque en la opacidad con que se manejan sus “resultados” no podemos decir otra cosa. Duele tanta insensibilidad.

Pero sobre todo, duele que la PGJE, teniendo capacidad de reacción, intervenga oportunamente solo en algunos casos, los de alto impacto.

¡Nos leemos la próxima semana!

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