Mañana se celebra el Día de las Madres y, como es habitual en esta columna, recordamos casos de progenitoras que han buscado la forma de hacer justicia, pese a tener todo en contra, tanto las autoridades como los mismos delincuentes. Sus acciones incluso han inspirado documentales desde los años 80, hasta la actualidad, con los servicios de streaming.

Los años 80 fue la época de los peinados de aerosol, de grandes íconos de la cultura pop en el cine y las caricaturas; pero también, de muchos crímenes horrendos que asolaron a las sociedades de todo el mundo. Uno de ellos fue el asesinado de Deborah Whitlock, de 32 años; acontecido el 25 de marzo de 1988, cuando Harold, su esposo, salió a una fiesta y al regresar encontró a la mujer brutalmente violentada y con la garganta cortada. El caso mereció la atención de las series documentales de crímenes más populares, como ‘Misterios sin resolver’ (emblemático de los 80) ‘America’s most wanted’ y ‘People magazine investigates’.

Sin embargo, quien nunca se dio por vencida e investigó día y noche, no fue ni la policía ni los documentalistas, sino Jacque MacDonald, la madre de Deborah. Además de ofrecer entrevistas a todos los medios y mudarse de ciudad para estar más cerca de la investigación, la señora MacDonald alquiló vallas publicitarias para difundir la foto de su hija, además de fundar grupos de apoyo sin ánimo de lucro y ofrecer una recompensa de $10,000 dólares.

En 1996, una denuncia anónima llevó a la captura del asesino: Scott Fizzell, de 27 años, quien había entrado a la casa con el fin de robar.

La señora McDonald cambió el epitafio de la tumba de su hija con la frase: “We did it, kid” es decir “Lo hicimos, niña”

DETECTIVE EN REDES SOCIALES

Otra historia de madres que han buscado justicia por el asesinato de sus hijas es la de Belinda Lane, quien descubrió a los asesinos de su hija, Crystal Theobald. Su fascinante historia dio pauta para el documental “¿Por qué me mataron?” producido por Netflix.

Todo arranca el 24 de febrero de 2006, cuando la joven Crystal, de 24 años, iba a una tienda acompañada de su hermano y su novio en Riverside, California. Estando en el lugar equivocado en el momento equivocado, hubo una guerra de pandillas con armas de fuego y una bala mató a la muchacha.

Al darse cuenta de la burocracia de la policía, Belinda empezó a investigar por su cuenta a la ‘Pandilla 5150’ en Myspace, la red social de moda aquel entonces, creando perfiles falsos y agregando a los presuntos asesinos. Para ahondar en el mundo digital, pidió ayuda a su sobrina, Jaimie Mcintyre. Las investigaciones llegaron a un nombre, William Sotelo, quien tenía una camioneta blanca que fue vista la noche que balearon a Crystal. La madre y su sobrina se hacían pasar por adolescentes ligando, relacionándose cada vez más, y haciendo todo como la madre fuera la hija.

Con el fin de ejercer presión, Belinda creó un perfil falso con la imagen de su hija, y le mandó un mensaje privado a Sotelo, que decía: “¿Por qué me mataste?” Aterrado, el presunto responsable optó por desaparecer.

Con suficiente información, Belinda fue con la policía, quienes encontraron a dos hermanos: William y Manuel Lemus. Los dos confesaron que confundieron a Crystal con una pandilla rival, por eso dispararon. Entre los responsables, fue arrestado Julio Heredia, quien también estuvo involucrado en la balacera.

Gracias a Facebook, Belinda pudo rastrear a Sotelo, quien se había fugado a México. En 2016 se le extraditó para ser encerrado en la cárcel, pagando una pena de 22 años.

Hoy en día, Myspace es una red social que, como otras similares, ha quedado en el olvido; desgraciadamente, los crímenes y las injusticias siguen tan sólidas como cuando Crystal de Deborah fueron asesinadas.

Por suerte, las señoras Lane y MacDonald, saben muy bien enseñar justicia.

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