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SEÑALES DE ALERTA

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El tema de los tiradores escolares sigue dando de qué hablar en todo el mundo, pero sobre todo en México, pues se creía que esta problemática era exclusiva de Estados Unidos, pero ya se ha extendido a México. Una de las actualizaciones más recientes del caso Osmar N, el adolescente que sacó un arma de fuego y asesinó a dos profesoras en la escuela Anton Marenko, en el estado de Michoacán, es la difusión del video en el que unos compañeros desarman al tirador.
Lo cierto es que tanto él como el caso previo ocurrido en México, que fue el de Lex Ashton, dejaron varios mensajes en grupos de internet, avisando lo que iban a hacer.
Por desgracia, no es la primera vez que esto ocurre. De hecho, hay ejemplos de diarios desde el primer caso mediático ocurrido en Estados Unidos, que fue el de la preparatoria Columbine, ocurrido el 20 de abril de 1999.
Perpetrada por los adolescentes Eric Harris y Dylan Klebold, la de Columbine ha quedado grabada a fuego en la historia como uno de los casos más terribles de tiroteos escolares, y es referencia obligada para cualquier estudio criminológico, sociológico o histórico del tema. Entre la basta documentación al respecto de estos jóvenes que llegaron a su preparatoria con gabardinas y disparando, están sus diarios. Los dos asesinaron a 12 estudiantes y un profesor antes de suicidarse. Además, 21 personas fueron heridas. Ambos llevaban un año planeando el crimen, y al parecer, nadie sospechó. El diario de Harris destila odio y autodesprecio:
“Odio el maldito mundo, hay demasiados malditos en él. Demasiados pensamientos sobre las sociedades, todos juntos en este lugar llamado América. Todos tienen sus malditas opiniones sobre cada maldita cosa y puede que estés diciendo «¿y qué te hace tan diferente?»
El primer joven criminal que difundió el tema de los incels (es decir, los adolescentes que son célibes involuntarios, y demuestran una evidente misoginia y rencor hacia la sociedad) fue Elliot Rodger, quien asesinó a seis personas en la masacre de Isla Vista, California, ocurrida el 23 de mayo de 2014. Sus escritos son igual de escabrosos que los anteriores, y demuestra un odio a las mujeres que, por respeto y porque esta columna informa sobre crímenes y nunca ha hecho ni hará apología de los mismos, no se transcribirán.

PARRICIDAS
El de Adam Lanza, el joven que el 14 de diciembre de 2012 mató a su madre de 4 balazos y luego fue a una escuela primaria donde mató a 20 niños de primer grado es otro de los casos más terribles. Al igual que Harris, muestra una clara misantropía y una nula autoestima:
“Escribo esto más para mi propio consuelo que por otra cosa; no quiero sentir la soledad que siento. Aunque es irónico que la sienta estando rodeado de gente. Sin embargo, «gente» quizás no sea una descripción precisa de estas criaturas”.
Finalmente, Kip Kinkel, quien asesinó a sus padres cuando lo amenazaron con ingresar a una escuela militarizada y después quitó la vida a 2 jóvenes, escribió tras cometer su crimen: “¡Acabo de matar a mis padres! No sé qué está pasando. Amo tanto a mi mamá y a mi papá. Acabo de tener dos delitos graves en mi historial. ¡Mis padres no pueden soportarlo! Los destruiría. La vergüenza sería demasiado para ellos”.
Sin duda, son textos que se deben de analizar con criterio pedagógico y criminológico.
Esta y otras señales de alerta son mencionadas por el experto en tema de tiroteos escolares, Peter Langman, en su libro ‘Warning Signs: Identifying school shooters before they strike’. Es fundamental, como profesor, padre, madre, hermano mayor o tutor, notar esta señales que son, como dirían los jóvenes de ahora en las redes sociales, clarísimas ‘red flags’.
Con respecto al tema de los textos escritos por tiradores, se puede consultar el libro ‘Exit Plan The writings of mass shooters’ del autor Brian Whitney.

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