La historia de estos Reyes Magos data de un poco más de 2000 años y nos indica que estos reyes venían de oriente… o quizá en la imaginación de los niños. Dos de tez blanca y uno moreno, montando un caballo, un elefante y un camello. Se dirigieron a Belén a adorar al Niño Dios que en la noche del 24 de diciembre iba a nacer, pero como no conocían el camino le preguntaron al Rey Herodes y les contestó que no sabía. Ellos pudieron llegar a Belén ya que una estrella los guío a donde estaban la Virgen María, San José y el pesebre y allí, adorando al Niño Dios, entregaron los regalos: oro, incienso y mirra, y se regresaron a sus lugares de origen por otro camino y nunca más vieron al rey Herodes.

La tradición de los Reyes Magos se ha transmitido a través de muchos años; a nosotros nos llegó de España y allá siguen siendo las fiestas de los reyes, que se celebran con gran esplendor y generosidad para entregar en nombre de los Reyes Magos a los niños pequeños juguetes, ropa y en algunos casos hasta alimentos. En nuestro México, la tradición continua en forma más intensa en el centro y sur, donde los niños escriben cartas llenas de ternura y esperanza, pidiendo a los reyes especialmente juguetes y ponen su zapato en el árbol de navidad, en el nacimiento, a los pies de la cama o en un cuarto contiguo la noche del 5 enero. En la mañana del día 6 la inmensa mayoría recibe con gran alegría y entusiasmo algunos de los regalos deseados; desconozco en qué porcentaje, pero me temo mucho que en estos tiempos difíciles los reyes magos no alcanzaron a llegar a todos los hogares. Se podrán imaginar ustedes la desilusión, frustración y tristeza.

Esta historia no termina allí, el año que entra se va volver a repetir y todo mundo esperamos que el estado de las cosas cambie, que la pandemia desaparezca y que todos los niños estén alegres porque recibieron lo que pidieron y en compañía de sus padres y familia, en condiciones económicas diferentes para bien y mejores a las actuales.

Como es mi costumbre, hice una encuesta con amigos míos, personas mayores, empresarios, profesionistas, deportistas y les pregunté a ellos que les habían traído los Santos Reyes. Algunos se reían y otros me aclaraban que eso era para los niños y no para ellos. Sin embargo, algunos me expresaron que sin ser niños habían aspirado a recibir un beneficio diferente a un juguete. Todos coincidieron en que se acabe la pandemia, que se quite o al menos se disminuya notablemente la pobreza y haya mayor actividad económica; otros me hablaron de la inflación tan terrible de 7.3 que estamos padeciendo; alguien más se atrevió a decirme que el gobierno federal siga entregando el pescado a los más necesitados, pero que mejor los enseñe a pescar. Los aficionados al deporte, por supuesto, pidieron que gane su equipo favorito o bien otros tipos de medidas como más parques deportivos; que se creen más campos industriales para el desarrollo de la industria en León y abatir el desempleo.

Para terminar, mi deseo es que todos en México hagamos un propósito de evitar la confrontación entre nosotros mismos y el gobierno, que mejor haya un diálogo permanente para avanzar en el bienestar de todos: ricos, pobres y clase media; también, que en el seno de la familia, baluarte fundamental de la sociedad, los padres tengamos la capacidad de educar a nuestros hijos y nietos, con el buen ejemplo y buenos consejos, porque ya no queremos juventud desorientada ni llena de adicciones perniciosas con un continuo libertinaje.

A todos, gracias por leernos y si alguno de ustedes cree conveniente, por favor, deje sus comentarios en nuestra columna en el sitio web del Heraldo. Agradezco al profesor Hugo Flores, encargado de la parte editorial, y también a mi amigo que hace posible que mis palabras sean transmitidas con eficiencia y cariño, gracias Ing. Carlos Cabrera.
Feliz Año Nuevo y Feliz Día de Reyes.

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