Los camposantos donde descansan grandes personalidades existen en todo el mundo: en París, está Pere-Lachaise, donde reposan los restos de Oscar Wilde, Maria Callas o Jim Morrison, y en la Ciudad de México el Panteón Jardín, donde se encuentran los cuerpos de Jorge Negrete y Pedro Infante. Guanajuato Capital no es la excepción, pues en el cementerio Santa Paula están muchos insignes guanajuatenses.

El Panteón Santa Paula destaca por ser el lugar donde “emergieron” las momias de Guanajuato, y porque se encuentra muy cerca del Museo de estas escalofriantes figuras. También, por ser uno de los puntos de reunión más importantes para la celebración del Día de Muertos. Pero en sus tumbas hay mucho más.

En cuanto el visitante entra al Panteón Santa Paula, lo primero que ve es un inmenso obelisco. Se trata de la tumba de Manuel Doblado, cuyo impacto a Guanajuato no necesita presentación. Sobra recordar el teatro y que en prácticamente cualquier municipio del estado existe una calle con su nombre. Doblado fue gobernador, de septiembre de 1846 al 31 de enero de 1847.

Otra de las tumbas es la que pertenece a Armando Olivares, cuya importancia para la Universidad de Guanajuato es y será crucial. Su trayectoria literaria queda plasmada, incluso, en la página de la Enciclopedia de Literatura Mexicana, que dice: “Nació en Guanajuato, del 2 de junio de 1910; muere el 13 de octubre de 1962. Narrador. Estudió Derecho en la Universidad de Guanajuato. Catedrático y rector de la Universidad de Guanajuato. Colaborador de Garabato, El Nacional, Novedades y Umbral”.

A lo largo de las 17 hectáreas que conforman el panteón, también se pueden ver otras tumbas acompañadas de los respectivos bustos de quienes fueron el destacado militar que luchó contra los franceses, Florencio Antillón, bisabuelo de Jorge Ibargüengoitia, y el coronel Cecilio Estrada.

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