En 1958 unos delincuentes se valieron del mitin del entonces candidato del PRI, Adolfo López Mateos, para robar una armería, en una época en que estos negocios proliferaban en México.
Esta es la historia.
LA CAMPAÑA
A finales de los años cincuenta el mundo cambiaba a pasos agigantados. La Guerra Fría y la carrera espacial no paraban: rusos y estadounidenses competían por llegar a la Luna. En Cuba, a Fulgencio Batista se le acababa su tiempo. En la radio se escuchaban canciones que hoy en día son clásicos: “Tequila”, “Lollipop” y “El Médico Brujo”.
Mientras tanto, la campaña de Adolfo López Mateos, candidato priísta, se encontraba en pleno apogeo. Aunque era un hecho que se quedaría con la Silla del Águila, competía ferozmente contra el panista Luis H. Álvarez.
Durante los primeros días de marzo, López Mateos recorrió el estado de Guanajuato, llegando a Salamanca como su primer destino.
Pero no todo era política… en Irapuato, un grupo de ladrones escuchaban la radio en la estación del grupo Antonio Contreras: sabían que después de la Capital del Calzado el candidato visitaría su ciudad, y tenían listo un plan para forrarse de dinero de la manera más rápida y sencilla. Entre los integrantes de su banda se encontraba un hombre de baja estatura, que sería elemento clave para el robo, pero, sobre todo, el mitin de López Mateos, que se convertiría en el distractor perfecto.
El 3 de marzo de 1958 Adolfo llegó a León, viajando en un coche descapotable por el Arco de la Calzada y la calle Madero. Cerca de 75 mil leoneses se congregaron en la Plaza de los Mártires.
“¡Que el pueblo sea quien decida su propio destino!” anunció el candidato al terminar su evento, sin saber que eso harían los ladrones irapuatenses.
EL ROBO
El día 5 de marzo, en el centro de Irapuato estaba prácticamente toda la ciudad por la llegada del candidato tricolor, salvo un grupo de ladrones que, hasta el momento, más de medio siglo después, no han sido identificados.
Mientras López Mateos hablaba con ese cincuentero ímpetu priísta, un grupo de personas, entre quienes se encontraba un hombre de baja estatura, llegaron a la calle Leandro Valle, donde se encontraba la armería del señor Moisés Lozano.
En aquel entonces era muy sencillo comprar armas en México. Las cosas cambiarían en 1972 con la promulgación de la Ley Federal de Armas de fuego y Explosivos, de modo que eran un buen negocio.
Los ladrones subieron a la planta alta del negocio y abrieron un pequeño agujero. A lo lejos se escuchaba la música y los altavoces. Sin ningún reparo y con toda tranquilidad cometieron el crimen, tardándose tres horas.
La banda de rateros cometió el latrocinio en completa tranquilidad.
Salieron por la calle Leandro Valle cargando bolsas con el jugoso botín que consistía en más de 50 mil pesos. Se llevaron 30 pistolas de todos los calibres, 15 máuseres, 28 cachas de oro, cargadores y 1000 pesos en efectivo.
Adolfo López Mateos fue presidente de México entre 1958 y 1964. El destino de los ladrones, y de las armas que se llevaron, sigue siendo un misterio.
SIGUENTE ENTREGA: Mary Mallon, Alias “La Mary Tifoidea”
