A medida que la ciencia aplicada avanza los poderes dominantes adquieren mayor capacidad de dominio, sobre individuos y Estados nacionales. Los instrumentos financieros se vuelven cada vez más peligrosos para libertad y la vida consciente. La vida humana carece de sentido sin poder ejercer la libertad de pensamiento y de expresión. Sin embargo, es creciente el número de personas que jamás podrán siquiera plantearse la necesidad de pensar y expresarse libremente.
Son cada vez mayores las cantidades de gentes sin la posibilidad de acceder a la vida consciente. Víctimas del hambre, apenas sobre viven presionadas por la necesidad de conseguir el alimento para poder amanecer el día siguiente. Es necesario que la solidaridad de gentes ajenas, se apiaden por el grado de miseria de miles que ven a sus hijos morir en sus brazos por alimentos que se pudren ante la indiferencia de sus dueños.
Pero la globalización que lleva satisfactores a quienes jamás lo imaginaron, ha creado una serie de controles que asfixian a millones y someten a los Estados nacionales, formados por ellos, para propiciar su desarrollo. Empero, los poderosos del mundo, cada vez en menor número, toman decisiones que podrían llevar a la ruina a todos los habitantes de un país o de un continente, con tan sólo una declaración irresponsable de quien los podría echar del mercado.
Más aún, la humanidad en su conjunto depende de un error de quien oprima un botón y desencadene el incendio del planeta. Ahora conviene preguntarnos: independiente del grado de cordura de quien tiene la posibilidad de desencadenar la destrucción de la especie. Ahora un simpe mensaje tiene el poder de devaluar, alguna o algunas monedas a causa de una especulación, como lo hace el Presidente de los Estados Unidos.
Los ciudadanos del mundo deben estar preocupados por salvar a su especie, pues la economía podrá recuperarse pero la extinción no tiene vuelta. Qué pasaría si la salud del presidente Trump empeorara y lo que parecen ocurrencias o juegos macabros, algún día se convirtieran en realidad, como el bombardeo a Hiroshima y Nagasaki.
México ha optado por la prudencia en la nueva relación, mucho más conflictiva, por los apremios que la nueva composición del mundo impone al imperio financiero. Hay quienes desean empujar al país al barranco, como parte de su revancha histórica. Defender al país es despojarse de los privilegios que proporciona debilitar al Estado y fortalecer las instituciones es obligación jurídica y moral. Ese debe ser el empeño ciudadano.
