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REVUELTAS CHICANAS

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A principios de los años cuarenta, los chicanos vivían en Los Ángeles, California llevando a cabo sus actividades diarias. Enfrentaban los retos de todos los migrantes, y poco a poco iban forjando su identidad. Una de las más emblemáticas fue el pachuco. Con sus pantalones, sus sacos, sus sombreros adornados por una pluma, (atuendo que los estadounidenses llamaban “zoot suit”) habrían de transformarse en un ícono… y sin saberlo, serían protagonistas de uno de los más tristes episodios de discriminación en la historia de Estados Unidos.

La mañana del 2 de agosto de 1942 se encontró el cadáver de José Gallardo Díaz en un lugar conocido como Sleepy Lagoon, a las afueras de Los Ángeles. Hasta el día de hoy, nadie supo si murió a causa de un golpe en la cabeza tras una borrachera o fue asesinado. Lo que sí consta es que la policía californiana arrestó sin pruebas a nueve adolescentes chicanos. Sin juicio ni pruebas fueron sentenciados a la prisión de San Quintín. Esto encendería la mecha de la explosión del violento periodo conocido como “The zoot suit riots”, o los disturbios de los zoot suit.

Los chicanos, y especialmente la subcultura conocida como los pachucos, estaban hartos del ninguneo y la discriminación. Vivían el rechazo a diario y solo era cuestión de una injusticia para que expresaran su ira.

UN AÑO DESPUÉS…

Transcurrió un año. La noche del 3 de junio de 1943, tres soldados agredieron a un grupo de pachucos. Era normal, pues tales eran los prejuicios que se vinculaba a los mexicano-americanos con delincuentes de la peor calaña. Solo que esta vez, las víctimas no se dejaron. Ambos grupos respondieron con golpes… el problema era que el ejército superaba en número a los hombres ataviados con holgados pantalones.

Una noche después, los soldados recorrieron las calles golpeando a todo aquel que vistiera con el “zoot suit”. Incluso iban equipados con una navaja para rasgar sus corbatas, sacos y sombreros. Como era de esperarse, la sangre mexicana hirvió y dio una respuesta igual de agresiva.

Así fue como estallaron los disturbios. Los días 4, 5, 6, 7 y 8 hubo golpizas, vandalismo, destrucción a la propiedad pública y privada y 200 soldados agrediendo a todo aquel que tuviera piel morena. La prensa estadounidense se enfocó en hacer ver a los pachucos como delincuentes, pues muchos “huían del servicio militar en tiempos de guerra” y solo el periodista Carey Mc Williams se mantuvo imparcial. Su libro del tema es hasta el día de hoy el único documento certero sobre los disturbios.

La violencia hubiera sido eterna, a no ser porque el consulado de México exigió al presidente Roosevelt tomar cartas en el asunto al ver la cantidad de muertos y heridos, que hasta el día de hoy no se sabe. Las autoridades de L.A. cortaron por lo sano: obligaron a los militares a encerrarse en sus cuarteles, y prohibieron los atuendos pachucos. En el sentido más literal del término pagaron por igual justos y pecadores.

LEGADO

Hoy en día, este episodio de recuerda en varios productos audiovisuales. En la serie “Penny Dreadful: city of angels” se recrea la tensión previa a los disturbios de manera magistral, y la canción de Cherry Poppin’ Daddies es una muy buena crónica. De la misma forma, la película “Fiebre latina”, basada en la obra de teatro de Luis Valdéz es un perfecto ejemplo.

Hoy en día, escuchamos a Tin Tan exclamar “¡Ya llegó tu pachucote!” con total gracia, pero en aquellos tiempos había que tener mucho valor para decirlo.

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