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Resultados objetivos

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EL PELOMETRO

Objeto medidor no identificado, responsable de percibir resiliencia, sorpresas, angustias, inquietudes, ansiedades, sinsabores y con sabores derivados de los borbotones de frases emitidas por el Ejecutivo, y que provocan que los pelitos de la nuca se ericen, como síntoma inequívoco de que “algo grueso va a pasar”, provocó la pregunta:

¿De acuerdo con nuestro leal saber y entender, los comentarios dirigidos al primer mandatario y a su gobierno –porque son dos cosas diferentes- son suficientemente objetivos, claros, diáfanos?

Y uno de nuestros gentilísimos lectores nos envía la colaboración de Ángel Verdugo (https://www.excelsior.com.mx/opinion/angel-verdugo/es-ya-inevitable-la-debacle) que el analista sintetiza fuerte: “….no hay gobernante ni gobierno en país alguno que todo lo haga mal, o todo lo haga bien. El análisis pues, más que centrarse en cuantificar las cosas buenas y malas, el que lo realizare —de pretender y querer ser objetivo— debería ver las cosas desde su peso cualitativo. Dicho de otra manera, una gobernación y el discurso de un gobernante son definidos, no tanto por la cantidad de decisiones buenas o malas que toma sino por el impacto cualitativo de las mismas”

EN EFECTO

Es necesario reconocer que el presidente López puso en la mesa de debate nacional, el desamparo en el que se encuentra el sur-sureste del país; de ahí su abierta inclinación a considerar que un montón de obras-ocurrencia se convertirán en desarrollo social, cultural, humano, tecnológico y digital para esa zona del país.

El quid no se encuentra en impresentables encuestas, en decisiones nacionales a mano alzada, o en las proclamas preferidas del inquilino de Palacio Nacional. Tampoco en las maneras en que ha exhibido a su equipo de trabajo, a quienes no les queda más remedio –si no quieren quedarse sin chamba- que doblar la testuz en medio del más penoso de los silencios.

ANGUSTIAS

1.- Ya se sabe –así lo ha demostrado hasta la saciedad- que su radar ideológico está anclado en el pasado, en el Siglo XIX, donde la felicidad se ubicó en un nacionalismo trasnochado, lleno de desprecio por todo lo que no fuera hecho en el país. Donde se festinaba el petróleo y la figura del presidente que desfilaba “como águila serena”, en expresión de la periodista Isabel Arvide, el día de su Informe de Gobierno, en medio de un alud de papelitos de colores y los desganados y/o etílicos “Vivas” de los muchos miles de burócratas que preferían acudir a echar incienso, en vez de trabajar.

2.- ¿Ya se acabó el huachicol? Por la omnipotente voluntad presidencial, eso “es cosa del pasado”. Lo mismo el combate al narcotráfico, cuyos resultados –según cifras oficiales- han descendido notablemente.

3.- Luego, los empresarios gasolineros fueron instalados en la posición de “perros del mal”; pero como todo en la 4T, señalamientos van y vienen y ni una sola denuncia concreta, entonces “se castigará con todo el peso de la ley” –otro lugar común, para variar- a los expendios que no vendan “litros de a litro”.

4.- Ya lo advirtió el presidente. En las obras de infraestructura en el Itsmo de Tehuantepec, no habrá ni un peso de inversión extranjera. La proclama se escucha nacionalista, pero escasamente práctica, sobre todo, si se desalienta la inversión, si solo hay presupuesto para dádivas a la gente, entregas que no acaban de llegar.

5.- En nombre de la austeridad republicana se ha organizado una venta de garaje monumental que, si resulta como la venta de los coches de lujo –que solo se alcanzó el 60 por ciento- tampoco promete resultados satisfactorios.

LOS RIESGOS

El peor de los riesgos para la causa presidencial y su partido, radica en el ya iniciado desangelamiento ciudadano. El desencanto se muestra ya en las encuestas de firmas serias, aunque el mandatario sostiene que él tiene otros datos.

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