En México predomina el resentimiento.
En todos los niveles sociales existe ese sentimiento, es decir, un disgusto o rencor hacia alguien o “algo”, por considerarlo el causante de cierta ofensa o daño y que manifestamos con palabras o actos hostiles. El resentimiento es una forma de prejuicio que tenemos los mexicanos de forma inconsciente pero constante. Este sentimiento lo arrastramos con enfado constante y animadversión.
Muchas veces, sin idea de que nos molesta, tenemos actitudes hacia otras personas de desdén o desprecio. Lo hacemos de forma espontánea, dejando huella en las personas.
Francisco Martin Moreno menciona que somos una sociedad castigadora.
No permitimos que nadie se equivoque porque de inmediato estamos sobre esa persona haciéndole ver su error, y además participando a otros con comentarios mal intencionados. Creamos con ello, resentimiento en esa persona. Aunque contemos con el nivel jerárquico más alto, siempre tendremos una crítica, no por lo bien que hacemos nuestro trabajo, que debería ser nuestra responsabilidad, sino por el error que cometimos o por lo que se dijo de él.
Se forma un comité para provocar esta situación permeando, además, el acoso (o bulling), favoreciendo la presencia de meritocracia en la empresa o círculo de trabajo.
Este tipo de actitudes frena la creatividad y las ganas de correr riesgos.
El mexicano es individualista, 6 de cada 10 profesionales prefieren trabajar solos que en equipo. Las palabras favoritas son Yo, pronombre con el que la persona que habla o escribe se refiere a sí misma. Freud, en su teoría del psicoanálisis se refiere a la parte consciente de la personalidad humana.
Mí, que se define como un determinante posesivo de la primera persona del singular.
Otra palabra fundamental es el pronombre personal Me, que forma parte de la primera persona del singular para el objeto directo o cuando se usa con el verbo en construcciones pronominales de la primera persona del singular.
Finalmente, Conmigo, también pronombre al final de la preposición con.
Como podemos observar, son palabras que indican una personalidad posesiva, única, egoísta…. y lo de los otros. Lo de los demás…por supuesto es nuestro.
Lo tuyo es mío y lo mío es…solo mío.
Nunca reconocemos el éxito ajeno, es más, eso de reconocer a otros nos cala hasta lo mas profundo de nuestro ser. Por eso descalificamos con insultos y desprecio a las personas por sus logros, con argumentos, razones previsibles y repetitivas.
Pensamos constantemente que nadie nos quiere, todos nos odian, por lo que mejor nos comemos un gusanito.
Aunque aparentemente respetamos a la autoridad, siempre estamos primero ante todo. Las leyes, nos las pasamos por abajo del arco del triunfo.
Jamás nos comprometemos. Nos encanta la queja. Aunque de ninguna manera nos involucramos en asuntos que nos comprometan a realizar cualquier tipo de acción, no por ello dejamos de hacer cosas a nuestra manera.
Este resentimiento se ha cultivado por años debido a la desigualdad, inseguridad, pobreza, corrupción.
Vivimos anclados en el pasado sin permitir, como en otros países, darle vuelta a la página de la historia con respecto a las experiencias negativas del ayer y aprender de las oportunidades que brindan esas experiencias.
Sé que algunos están pensando que no son resentidos sociales, pero sabemos perfectamente cuáles son nuestros temores, odios y rencores hacia las personas.
Sentimientos guardados, en ocasiones por banalidades como una falta de saludo, una mirada que quizás resulta ofensiva, una palabra mal empleada en el momento poco adecuado, una solicitud no atendida, un chisme no confirmado, una posición social, un empleo, un préstamo…… y así podríamos seguir y seguir.
Guardamos en el cajón de los recuerdos esas piezas de resentimiento como obras de arte en el panteón de las memorias que visitamos constantemente y le brindamos un permanente suspiro, acomodando el espacio con atención y cuidado, entregando nuevas vivencias como las flores de cempasúchil ante la cripta de nuestro rencor.
Resolver estos resentimientos es tan fácil o difícil como estrechar una mano y disculpar, o como decía mi cuñado: “darle aire”. Solo es tener voluntad y dar vuelta a la página de nuestros recuerdos.
Pediremos que regresen el PRI, PAN y PRD de antaño. Que regresen los Gobernadores de varios estados de la Republica, ex secretarios y todos aquellos, como Andrés Manuel López Obrador, y muchos otros que utilizaron recursos de la nación para un beneficio particular. Los que no se han ido, también que se queden y regresen.
Les pedimos a gritos que regresen.
-¡Sí!.
-¡Qué regresen lo que se han robado! Así dejaremos de mantener ese resentimiento que tenemos ante estos «héroes” que tanto han trabajado por el bien de la Patria.
Por cierto, hoy celebramos la Revolución Mexicana, 107 años de resentimiento, y así seguiremos, esperando al Mesías, al salvador sin hacer nada más qué… ¡resentir!
¡Hasta la próxima!
Comentarios: dr_rethcuel@yahoo.com
