La desorganización torna a los grupos vulnerables ante los conflictos. Es evidente que la sociedad en que vivimos tiene tendencia invariable a rechazar el orden. Cualquier omisión de la autoridad para aplicar los reglamentos se traduce en violación sistemática, con cualquier pretexto. Luego se vuelve casi imposible volver a la normalidad.
Con el incremento de los grupos violentos, la autoridad en muchos ámbitos, aplica la ley solamente en forma selectiva, cuando aprecia que el particular no resistirá con violencia. En tales condiciones el tránsito de vehículos de motor resulta un claro ejemplo de la infactibilidad de los ordenamientos.
Con grave riesgo de la seguridad, adultos llevan en biciclos dos o tres personas en sentido contrario al que indican los señalamientos; otro caso común, es ver estacionados vehículos precisamente al pie de donde existe un señalamiento que lo prohíbe.
No es tiempo de acusar o condenar a quien no hace cumplir la ley, sino de percatarnos de la necesidad de pactar comportamientos por el bien de todos. Este tiempo que ahora podemos dedicar al ocio creativo, podemos utilizarlo para ponernos de acuerdo, aunque sea virtualmente, en la forma en que todos podemos cooperar para que la ley se cumpla. Si así ocurre, el hacerla cumplir, será cosa del pasado.
Es tiempo de preocuparse de las estrategias que debemos recomendar para elegir a quienes habrán de gobernar bajo las condiciones que esta realidad de vertiginosos cambios nos exige desde ahora.
Cómo podremos votar en conciencia a favor de los mejores, es cuestión que debemos resolver entre todos y preocupación fundamental para los dirigentes políticos reales o fácticos, pues lo importante, es que se pueda enfrentar una realidad demandante, como nunca de actuar con pensamiento dialéctico. Nuestra realidad pide desde ahora que entendamos todo aquello que debemos remediar por el bien de todos.
Urge dialogar sobre la influencia perniciosa del pensamiento mágico en todos los órdenes de la vida social. Las instituciones educativas, habrán de hacer campaña permanente para desterrar prejuicios que no se justifican en los niveles donde se analiza la historia del pensamiento lógico.
Los partidos políticos deberán utilizar las herramientas que están a disposición en los centros de estudios superiores y confiar en la capacidad dialéctica de sus dirigentes, para solicitar apoyo y, si es necesario, invadir la torre de marfil, para que las autonomías, en la práctica, se conviertan en sociedades dialógicas, para promover la justicia social, para el bienestar general.
Todos cabemos en una sociedad organizada inteligentemente, para enfrentar la inseguridad, la violencia y la miseria. Volver a la cordura demanda la acción de todos y más de aquellos que tienen mucho que aportar.
