La descomposición política en nuestro estado a través del fenómeno de la inseguridad no es nueva ni mucho menos es de ahora o surgió en la actual administración. Los guanajuatenses empezamos a vivir y sufrir la inseguridad hace trece años aproximadamente, en la administración de Juan Manuel Oliva, empezaron los acontecimientos entre cárteles que se disputaban la plaza.

Fue en el corredor industrial, concretamente en el municipio de Celaya y en León, donde iniciaron los primeros actos delictivos fuertes de manera aislada la presencia de vehículos en caravanas donde se presentaban en sociedad los narcos. Misteriosamente los vehículos blindados con vidrios polarizados transitaban por estas ciudades con paso franco por las avenidas más importantes, sin que hubiera policías o tránsitos municipales que los interceptaran.

Durante esos años, dos sexenios de por medio y lo que va del presente, el crecimiento y desarrollo económico de Guanajuato fue verdaderamente impresionante, al grado de convertirse el estado en modelo y referente nacional de éxito en inversión extranjera e infraestructura a lo largo y ancho del estado, sobre todo de aquellos municipios que componen el corredor industrial.

La instalación de grandes empresas extranjeras en parques industriales abrió los ojos del crimen organizado nacional, volteando a ver a Guanajuato como un gran botín apetecible para secuestrar y cobrar derecho de piso a un sin número de empresas y empresarios que se convertirían en presas y carne fresca del narco y sus diversos métodos y formas de negocio.

A todo ello hay que agregar el reposicionamiento inquebrantable del Partido Acción Nacional a lo largo y ancho del estado, convirtiendo al PAN en una franquicia exitosa y a prueba de todo, aún de malos o pésimos gobiernos municipales y estatales cubiertos de actos de corrupción por funcionarios sin escrúpulos, donde el hartazgo social y político aún no se refleja en las elecciones, convertido Guanajuato en un bastión del panismo a prueba de todo.

Qué tan fuerte e inquebrantable es el PAN en Guanajuato, que se convirtió en la única entidad federativa del país, donde no ganó el candidato de Morena a la Presidencia de la República. De tal suerte que AMLO y su partido ven al estado como un gran objetivo donde por todos los medios procuran recuperar y fracturar al panismo y su sociedad vía la aplicación de políticas públicas populistas que coopten dividendos a través del presupuesto de la Federación.

Todo esto explica que hace una semana la senadora por Guanajuato de Morena, Malú Micher, escribiera y declarara que no existe una estrategia en materia de seguridad y que la coordinación con la Federación es mala, por ello los pésimos resultados en materia de seguridad. Tres días después, el Procurador Federal del Consumidor y ex candidato al Gobierno del Estado por Morena, Ricardo Sheffield, declara exactamente lo mismo que su compañera de partido, contraatacando y machacando el trillado tema de la inseguridad y los malos resultados del Gobierno del Estado.

Y por último, la misma semana pasada AMLO ataca desde la palestra de las mañaneras señalando a Guanajuato como el estado más violento del país, exhibiendo los malos resultados del Gobierno del Estado y el estado fallido que vivimos en casa. Desde luego que los resultados del actual gobierno son pésimos, pero esta claro que el objetivo del Gobierno Federal y sus funcionarios es exhibir y escalar el fenómeno de la inseguridad, como si Guanajuato fuera el único estado en el país que vive este grave problema.

El objetivo del presidente de México, de su partido Morena y de sus diputados, senadores y funcionarios públicos es medrar con el problema de la inseguridad sacando raja de lo que hoy es el problema más serio que viven el país y Guanajuato: la seguridad pública.

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