Retomo los comentarios de la columnista del Periódico Excélsior, Yuridia Sierra, respecto al penoso comportamiento de un presunto periodista de deportes de nombre Mauricio Ortega, quien ha trascendido por su “notable comportamiento” ya que fue acusado, entre otros cargos, de sustraer durante el último Súper Bowl, prendas del famoso jugador de fútbol americano, Tom Brady.
El señor Ortega estaba presuntamente acreditado para acudir a la celebración de tan importante evento deportivo y según testigos que lo identificaron, en lugar de llevar a cabo las actividades para las que fue comisionado, se dedicó a recolectar fotografías con jugadores, autógrafos de leyendas de la NFL y hasta cascos. Se ufanaba señalando a sus colegas que él estaba en el evento como aficionado, pero no como reportero.
La noticia sonó en los medios mexicanos y aparentemente, también en los norteamericanos, confirmando muchas de las ideas que ha manifestado el presidente Trump de varios de nuestros compatriotas. Lamentablemente, esta no es la primera ocasión que un mexicano es protagonista de este tipo de eventos. Recordemos aquel par de individuos que apagaron la llama votiva a la tumba al Soldado Desconocido, en Francia, en el año de 1998.
Todo indica que el incidente en el que participó Ortega, aparentemente fue considerado como un asunto de Estado y provocó que investigadores norteamericanos se trasladaran a nuestro país, en busca de evidencias para encontrar a un culpable. No había más qué buscar entre las pertenencias del supuesto periodista, para incriminarlo. Para que el reportero no pisara la cárcel, se llegó a un acuerdo por el cual, si regresaba el jersey, quedaría libre de cargos.
¿Qué es lo que pasaba por la cabeza de esta persona? ¿Qué es lo que pasa por la cabeza de muchos, varios mexicanos, que van por la vida con un comportamiento similar? “Ya llegó Juan Camaney” Que trabajen los que no tienen ideas como las mías. Que trabajen los que no pueden hacerse de dinero fácil a base de tráfico de influencias, hurtos y deshonestidades. Bonita manera de vivir. Bonita manera de educar a sus hijos. Lamentablemente, abundan compatriotas como Ortega. Quizás porque somos muchos los desfavorecidos que poblamos este país, o se trata de alguna “herencia maldita” que corre por nuestras venas y esta incrustada en nuestro código genético.
“El que tranza, no avanza” No falta el que se mete en la fila del supermercado, el que en medio del tráfico, avienta su automóvil para poder rebasar al de adelante, el que ofrece mordidas para poder evadir alguna multa. Es imposible afirmar que no en todos los países se da este tipo de comportamiento. No porque seamos un país con sobre población o porque las condiciones económicas no han sido las más favorables en los últimos tiempos, tenemos que hacernos de “mañas” para sobresalir.
Ortega nos sirve de ejemplo en esta ocasión. Si no hubiera sido detectada su mala conducta, tal vez estaría haciendo tratos con un coleccionista de artículos deportivos quien le estaría ofreciendo medio millón de dólares por el mentado jersey, o recuperaría unos cientos de miles de dólares por un balón autografiado.
Y qué tal aquel “político” que afirmó que “robó poquito” pero luego se lanzó a ocupar la gubernatura de su estado… En ejemplos, penosamente, no queda. Pero, ¿a costa de qué? Ante este incidente, la carrera del cuasiperiodista prácticamente está terminada. ¿Vale la pena el riesgo? ¿Vale la pena la vergüenza, la vapulación, el señalamiento? ¿O es mejor ganar el dinero que creemos merecer por un trabajo hecho conforme a las reglas, con una conducta apegada a los reglamentos y condiciones de trabajo? Queda la pregunta y la reflexión, en el tintero.
Correo electrónico: marcialca@yahoo.com
