Tal parece que las celebraciones del día de muertos no han terminado todavía en mi querida y terrorífica ciudad de León Guanajuato, llegando a la espeluznante primera posición a nivel nacional en materia de homicidios, lo cual resulta alarmante para todos los panzas verdes que ya desde hace algunos años se han venido acostumbrando a las notas rojas de los diarios locales, los cuales ya no sabemos si son periódicos o libros de terror.

Macabros escenarios se han vuelto rutinarios por toda la ciudad, volviéndose poco a poco parte de la idiosincrasia leonesa. Jamás creíamos que nuestro bello territorio guanajuatense podía convertirse con el paso de los años, en un terrible campo de batalla entre diferentes tipos de cárteles delictivos, los cuales arrojan cadáveres a diestra y siniestra, mientras nuestras autoridades se sientan a contemplar el panorama mientras deshojan una margarita.

Desde el punto de vista del autor de estas líneas, el problema de la seguridad en el Estado tiene varias vertientes que deben de atenderse de forma sincrónica: la primera de ellas, y quizás la más importante, es la correspondiente al tema de la prevención del delito.

Poco o nada se ha hecho en torno a la prevención de farmacodependencia en los niños y los adolescentes, y según la ley de la oferta y la demanda, mientras haya quien compre drogas, habrá quién las venda. Es simple y sencilla economía. También debemos de atender de forma preventiva, las conductas antisociales realizadas por jóvenes y adolescentes, quienes, al seguir con un estilo de vida escandaloso, en pocos años serán los nuevos delincuentes que suplan a los delincuentes más viejos.

También es motivo de prevención, el atender la disfuncionabilidad familiar, ya que bien sabemos que una persona que crece en un ambiente de valores, difícilmente podrá generar una conducta desviada y perjudicial para la sociedad donde se desenvuelve, ya que como bien saben los criminólogos, es más efectivo el peso de los medios de control social, que las políticas estatales represivas.

Por otro lado, debemos enfocar nuestra atención a los centros de reinserción social, los cuales se han convertido desde hace algún tiempo, en verdaderas universidades del crimen, y es inconcebible cómo muchos de los internos ya entran y salen de los reclusorios, como quien va de vacaciones en un paseo familiar. No es posible que nuestras autoridades inviertan mayores recursos en la manutención de una cárcel que en la manutención de un orfanato.

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Además, es menester hacer una labor titánica en el proceso de reclutamiento y selección de personal policial, incluyendo a los directivos, los cuales, algunos de ellos, se han visto envueltos en escándalos vinculados a la incompetencia, la ineficacia y a la corrupción, limitándose los altos mandos, a moverlos de lugar como si fueran piezas de ajedrez, cuando lo correcto sería que los sacaran completamente del tablero de juegos, ya que su presencia resulta más dañina que benéfica, sin embargo, lo anterior resulta prácticamente imposible sin golpear los intereses obscuros de quienes los mantienen al frente.

Como dirían en mi pueblo, “aquí hay gato encerrado”. Aldous Huxley, en su obra, “las puertas de la percepción” (muy recomendable por cierto), pone de manifiesto que una sociedad que no cuenta con los recursos para liberar la tensión ocasionada por la rutina del día con día, los factores de estrés, ansiedad, preocupación laboral, económica, familiar, vial, entre otras, tenderá a volverse una sociedad violenta con tendencias a buscar rutas de escape artificial de su cruda y terrible realidad, y la salida más común la encontrará en el consumo de ataráxicos y drogas que lo lleven a un mundo de fantasía, falso, pero más placentero que su verdadera realidad.

Por tanto, se deben de hacer acciones que fomenten los espacios de sana recreación, fomento a las ciencias, a las artes, la cultura. Si propagaran bibliotecas con la misma facilidad que propagaron los incontables bares de la calle Madero, otro gallo nos cantaría.

Esperemos que algún día los humildes pensamientos del que estás líneas escribe, sean tomados en consideración por nuestros queridos gobernantes, para que lejos de engordarse sus bolsillos, logren una verdadera trascendencia social. Por cierto, estimado Alcalde, ¿para cuándo entra en funcionamiento la ciclovía? Genero el anterior cuestionamiento, en atención en que prácticamente la veo ahí, nuevecita, al igual que las bicicletas en renta, llenándose de óxido al igual que el cerebro que dio origen a tan fracasada idea.