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‘No somos iguales’… pero tampoco distintos

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México es un país interesante, y su gente más. Estamos llenos de paralelismos y contrastes tan interesantes que parecen irreales; incluso Salvador Dalí llamó a nuestra nación un surrealismo más grande que sus propias obras.

Puede ir uno a cualquier ciudad del país y encontrarse con escenarios y culturas tan icónicas, costumbres y mentalidades únicas; ¡vaya! el llamado ingenio mexicano.

Sin embargo, no hay que irnos lejos, nuestra ciudad está llena de estos ejemplos, podemos apreciar contrastes como la dualidad de la colonia Arbide, Chapalita y la Obrera; dos tipos de economías diferentes divididas por dos bulevares; la Martinica, la Andrade y la Zona Centro separadas por un bulevar de la Obregón, el Coecillo y la Killian; por mencionar algunas.

Por otro lado, el llamado ingenio mexicano no es más que una triste forma de romantizar la necesidad del mexicano de resolver sus múltiples problemas de la forma más austera y eficiente posible, ya sea por falta de economía o de conocimientos para dar con una solución ‘correcta’.

Aun así, históricamente, estas dos están relacionadas, siendo que la que tiene mayor peso es la económica, pues la educación sigue estando limitada a esta necesidad, desde quién ofrece su tiempo para enseñar, hasta quien junta los recursos para que le enseñen.

Los problemas económicos en la sociedad mexicana nos han orillado a sobrepasar los problemas y las necesidades que los gobiernos no han podido solucionar, desde carencias en la comida, vivienda, educación, vestido, transporte, etc.

Aunque las posibilidades de la educación han mejorado bastante, al grado que la cantidad de profesionistas sigue creciendo, esto no resuelve las dificultades de la vida diaria; es más, resulta complicado todavía para la mayoría estudiar, desde personas que tienen la necesidad de trabajar y estudiar desde la secundaria; hasta las deudas que genera el estudiar una licenciatura, y sé que existen las escuelas públicas, donde, en teoría debería ser más fácil el estudiar para las personas con menos recursos; pero en la realidad práctica, a las familias, que alguien estudie implica gastos que afectan la economía interna, desde trasporte, comida, recursos, inscripciones, etc., o incluso, ese tiempo que se ocupa para estudiar, se podría emplear para generar dinero, pero no, se usa para estudiar.

Puede que para algunas personas esto suene ridículo, pero es un reflejo de la realidad y del contraste entre las vivencias de distintas partes de la población. Solo los que han tenido la necesidad, saben lo que es no estar generando ese peso que falta, porque, a diferencia de los empresarios que generan para crecer y mover la economía; la gente de pie quiere generar para vivir.

Recuerdo en alguna conversación haber escuchado a dos compañeros criticar a las personas que siguen ‘fomentando’ el empleo informal, o el famoso pago por ‘sobre amarillo’, al no exigir de forma correcta las prestaciones básicas de la ley. A esto, alguien hizo un anotado comentario, ‘por los impuestos’.
Para quien no lo crea, las personas tienen la necesidad de sacrificar sus garantías laborales, con tal de que no perder más dinero. Imaginemos lo siguiente, eres un obrero que gana 1,200 pesos (si te va bien) a la semana, pero te dicen que de ese sueldo te tienen que descontar impuestos y el seguro, resulta impensable que tengas que pagar por poder trabajar, la gente no quiere perder dinero.

Aclaro, con esto no incito ni al empleo informal ni a la evasión fiscal, al contrario, soy una persona trabajadora, con más de un empleo por necesidad, quien busca ser responsable, tanto así que sigo pagando mis impuestos; que, aunque declaré bien, y mis patrones ingresaron mis impuestos retenidos, resulta que debía una gran cantidad de impuestos a Hacienda; sin embargo, no fui el único, durante esta declaración anual se registraron cobros excesivos por parte del gobierno, deudas inexplicables y errores fiscales que no tenían sentido.

Por eso, cuando en el gobierno, específicamente la bancada de Morena, los funcionarios osan decir que las quejas de los viajes que hacen no deben ser discusión pública, debido a que son pagados con sus ‘ingresos’, parece ser que se les olvida, el origen de esos ‘ingresos’, que siguen siendo figuras públicas de queden declarar ante la sociedad de mexicana todos sus gastos y movimientos, que no por ser ‘los buenos’ quedan impunes o que les tenemos una fe ciega.

Se les olvida que ya hemos vivido gobiernos abusivos que ocultaban sus robos de miles de formas, que le veían la cara al país, que abusaban de las esperanzas de un México mejor.
Parece una burla que con los casos actuales de desconfianza, impunidad y nepotismo ellos se sigan pintando como si su gobierno no fuera malo, como si sus acciones no fueran preocupantes.

Ese dinero que pagamos los mexicanos con nuestros impuestos sirve para pagarles un sueldo, porque creemos que lo merecen para mejorar al país, peros sus acciones demuestran lo contrario, demuestran ser la misma calaña que viene hundiendo al país, los mismos enajenados de la realidad del país viviendo en su burbuja.

Se les olvida que una de sus consignas era que no podía haber gobierno rico, con pueblo pobre, que primero velarían por los intereses públicos que por los suyos. Como aquel hombre que prometió nunca vivir en los Pinos y terminó por mudarse allá, faltando a sus compromisos y promesas, siendo igual que los políticos a los que ellos difaman.
Perdón, me equivoco, no son iguales, son peores.

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