Los tiempos mundialistas están en pleno apogeo y como ocurre cada cuatro años, en esta columna recordamos, a manera de crónica histórica, momentos en los que confluyó el futbol y el crimen. A veces ocurrieron casos violentos, otras, de la más sucia corrupción y otras hubo casos sin resolver, como en la más tradicional novela de misterio.
Esta es la historia de Matthias Sindelar, quizá uno de los futbolistas más elegantes de la historia. Su manera tan estética de correr y patear el balón, lo convirtieron en mucho más que un delantero centro: se le apodaba ‘El hombre de papel’ por la habilidad con la que se desplazaba, además de ser extremadamente flaco y de tez blanca. Al tener esa complexión, sabía que lo suyo no era la fuerza sino la inteligencia y la astucia. Nacido el 10 de febrero de 1903, se convirtió en uno de los más grandes íconos deportivos de su tiempo en su natal Austria, llevando a su equipo a la gloria en más de una ocasión. No en vano a su selección se le apodaba ‘Wunderteam’, o ‘Equipo Maravilloso’.
Fue durante los años treinta del pasado siglo XX que se convirtió en una celebridad. Eran los tiempos de la Gran Depresión en Estados Unidos, en León, la gente aún se recuperaba de la inundación de 1926, fue la era del swing y el jazz. En Viena, la gente hablaba de Matthias como si fuera un artista: Benny Goodman, Salvador Dalí o Bette Davis. Cuando corría lucía tan elegante y moderno como el art decó.
Todo parecía perfecto… pero entonces, llegó el nazismo.
Al principio, muchas personas, incluido el propio Matthias, creían que los nazis eran unos conservadores excéntricos, pero como todos sabemos, fueron adquiriendo más y más poder, al grado que en 1938 ordenaron anexar Austria al Tercer Reich, y por tanto, fusionar en una sola las dos selecciones de futbol, lo que Sindelar no le gustó en lo más mínimo.
EL HOMBRE DE PAPEL
En aquellos años, a Hitler le convenía quedar bien en el resto del mundo, y más en el Mundial. Faltaba tiempo para la guerra, de modo que las relaciones diplomáticas eran fundamentales.
Fue entonces cuando el ‘Hombre de Papel’ comienza a desafiar a uno de los regímenes más brutales del siglo XX.
En plena tensión política de países anexados, se jugaría un partido amistoso de despedida entre Austria y Alemania. A Sindelar le advirtieron tener un bajo perfil, pero él falló varias veces de forma intencional, para en el segundo tiempo, anotar el mejor gol de su vida. Para cerrar con broche de oro, se puso a bailar frente al palco donde estaban los nazis.
Ahora, vayamos a la presunta escena del crimen: la mañana del 23 de enero de 1939, un amigo de Sindelar llega al departamento que compartía con su novia. El aire se sentía tóxico. Tuvo que derribar la puerta, encontrando al jugador y a su novia Camilla (quien moriría un día después) en la cama.
Las autoridades, que ya estaban bajo el mando de Heinrich Himmler como máxima autoridad de la Gestapo, dieron el peritaje de forma rápida: intoxicación por monóxido de carbono. Aquello fue un accidente, no había más que cuestionar.
Otra de las posibilidades que se barajaron fue el suicidio. Ante una inminente guerra y un futuro en el que era un peón más de una dictadura, decidió suicidarse con el amor de su vida.
Himmler y su aparato de control y represión ya extendían su influencia por todos los países que controlaban los nazis, y tenían ojos y oídos en cada rincón de Austria. Sabía lo que el jugador decía de ellos, además que lo expresó abiertamente. Hasta el día de hoy, la posibilidad de que hubiera sido asesinado por la Gestapo es una de las versiones que más se debaten entre aficionados al true crime y al futbol, pues las noticias de la época señalan que la chimenea no estaba rota y el informe forense desapareció.
Hoy en día, el caso se mueve entre el mito de Matthias y la realidad, como muchas historias futboleras, y otras tantas narraciones de misterio.
