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Mientras tanto en la frontera

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El día de hoy no abordaremos el tan trillado tema de la inseguridad pública que afecta a nuestro país en general.

Sabemos que la semana finalizó con iguales o peores resultados: Muertos por aquí, asaltos por allá, nuevas formas de delincuencia enfrentándose a políticas criminales obsoletas y a leyes tan débiles cual si fueran las alas de una mariposa recién salida del capullo, debatiendo en los tribunales el tema de la justicia, la cual siempre deja un sabor amargo en la boca de quien la vive de cerca, sufriendo día con día como las instituciones de procuración y administración de justicia se llenan de personas corruptas que hacen de la justicia el mejor de los negocios.

Esta semana escribiremos sobre otro tema no menos importante: Las políticas económicas que nuestros vecinos del norte han adoptado en contra del gobierno mexicano.

Para comenzar con nuestra polémica, hablaremos de un poco de historia, y para ello resulta obligado mencionar dos puntos importantes: “El destino manifiesto”, y “La doctrina Monroe”, los cuales resumen con total claridad, de dónde proviene la curiosa idiosincrasia de nuestros hermanos imperialistas. “El destino manifiesto” es una obra cuyo contenido señala que el pueblo que pobló a los Estados Unidos, es el escogido por Dios para conquistar cualquier faz de la tierra donde se digne a poner el pie.

Por otro lado, durante el término de la independencia de los países latinoamericanos, nuestros compatriotas norteamericanos, a través de la voz de James Monroe, emitió una carta a las potencias europeas, en donde les advertía que toda vez que los pueblos americanos habían alcanzado su libertad, ellos no tolerarían ningún acto dirigido a intentar de nueva cuenta subyugar a los pueblos recién emancipados, terminando con la frase célebre de “América, para los americanos”.

Con lo anterior, este polémico país anda metiendo su nariz en problemas de otras naciones, que por añadidura, no le competen.

Dicen por ahí que “la culpa no es del indio, sino del que lo hace compadre”. Nosotros hicimos caso e idealizamos a nuestros queridos imperialistas, alabándoles su deficiente y escasa cultura, permitiéndoles hasta lo que no, por más absurdas que fueran sus descarriadas ideas, que lejos de salir de un congreso, pareciese que salieran de la mente de una persona con esquizofrenia.

Adam Smith, un economista inglés al cual se le ha considerado uno de los máximos representantes de la escuela económica llamada “fisiocracia” (fisis, naturaleza; kratos, poder. El poder de la naturaleza), señala, en su obra más representativa “La riqueza de las naciones”, que el poder de un pueblo radica en su capacidad agrícola. Dicho en otros términos, el poder lo detenta quien tiene los medios para fabricar su propio alimento. Entonces, la pregunta orillada es: ¿por qué México, y el resto de Latinoamérica tiene que tolerar a este zángano de la colmena, cuando la riqueza agrícola la tenemos del Río Bravo hacia abajo?

Es una vergüenza el observar cómo, desde la época de la Independencia Mexicana, han desfilado cantidad de presidentes, que lejos de ayudar a su nación, venden su patria al mejor postor. Y lo más horrendo de todo: vemos un pueblo agachado, conformista, iletrado, que está feliz mientras el candidato le regale una torta de jamón, un pueblo que ve a las elecciones presidenciales como un concurso de popularidad, de carisma, para al final votar por el más guapo o el orador más popular. Decía Voltaire, viejo enciclopedista francés: “No hagas lo popular, haz lo correcto”.

Tal pareciese como si el discurso de estos grandes mentirosos, políticos mercenarios que se venden al mejor postor, tuviese ese poder hipnótico digno del flautista de Hamelin, y el pueblo, como ratoncitos, siguiendo ese falso discurso, ese cantar de las sirenas.

Deberíamos de preocuparnos más por conocer al candidato, es decir, escarbar en su pasado, en su historia de vida, en sus hábitos, sus costumbres, sus vicios y sus virtudes.

De haber sabido que el expresidente había plagiado su tesis y que fue un pésimo estudiante, otro gallo nos hubiera cantado.

Pero no. Para poder profundizar, investigar sobre la vida del candidato que aspira a gobernar al país, se necesita estudio, mucho estudio, pero en un país donde nos preocupamos más por la final entre el América con el Guadalajara, nos falta todavía mucho que recorrer, y sobre todo, mucho que estudiar. Las cosas comenzarán a cambiar cuando la gente prefiera que le den un libro, que una torta de queso de puerco. Si observamos la reforma educativa, está diseñada para seguir manteniendo al pueblo en la oscuridad, y como bien sabemos, a nuestros políticos les gusta moverse “en lo oscurito”. Y recuerden: La doctrina Ledezma: “México para los mexicanos”.

Un abrazo fraternal.

Fisiocracia.

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